(11) VIDEO SOBRE CADAVERES EN DESASTRES / Rodrigo Restrepo G

. 14 de diciembre de 2006
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Observe un fragmento de 4 minutos del Video "Mitos y Realidades de los Desastres Naturales". Es un documento de la Organización Panamericana de la Salud de casi 30 minutos que identifica varios de los Mitos que existen sobre el tema de los Desastres Naturales. Incluye esta parte que he editado y que trata sobre los cadáveres y el mito de las epidemias. Es un complemento al tema anterior publicado en noviembre 29 de 2006 sobre el manejo de cadáveres en desastres

(10) EL MANEJO DE LOS CADAVERES DE LOS DESASTRES / Rodrigo Restrepo G

. 29 de noviembre de 2006
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Fueron muchas las imágenes que pudimos observar a través de los noticieros de televisión, y muchas más las que se pudieron apreciar a través de las páginas de Internet, sobre la tragedia de finales del 2004 con ocasión del tsunami en Asia Meridional. Se estimó en 250.000 el número de fatalidades y otro tanto importante de desaparecidos. Sin embargo, llamó la atención el curso de los acontecimientos que tuvieron lugar después del desastre en relación con los cadáveres. Muchos recibieron sepultura de manera masiva, en fosas comunes o cremación, sin alcanzar a ser reconocidos por sus familiares.

¿Qué llevó a las autoridades a tomar esta decisión de realizar inhumación masiva? La respuesta es una: los mitos. Este es uno de los tantos mitos que persiste en el arraigo popular acerca de lo que sucede después de un desastre. Se piensa que inevitablemente vendrán epidemias y se reclaman vacunaciones masivas que resultan en pérdida de recursos e incluso en la inhabilitación de quienes la reciben, pues el malestar, fiebre o invalidez transitoria después de la vacunación les impide contribuir a procesos de solidaridad con los demás damnificados.

Ni se presentan inevitablemente epidemias después de un desastre ni los cadáveres, así sean muchos, van a precipitar tales epidemias. La presencia de enfermedades infecciosas con posterioridad a los desastres va a depender de las condiciones ambientales, de saneamiento básico y de hacinamiento en que se encuentre la población afectada, los sobrevivientes y nó los muertos. Quiere decir que depende de las acciones que las autoridades sanitarias emprendan para evitar la aparición de brotes por descuido de las medidas mínimas de higiene y control sobre el agua y la disposición final de excretas, basuras y aguas grises; por el descuido de las medidas mínimas de higiene y control sobre el medio ambiente, sobre la manipulación de alimentos, sobre los cambios de hábitos de una comunidad afectada por un desastre.

No sólo no hay evidencia seria de una relación directa entre gran número de cadáveres y epidemias sino que existen estudios científicos que demuestran el mínimo riesgo que puede tener el personal involucrado en el manejo de los cadáveres, tales como voluntarios, socorristas o personal militar, en especial ante microorganismos causales de hepatitis B y C, VIH y tuberculosis, entre otros, lo cual se contrarresta con buenas prácticas de higiene y entrenamiento del personal en la conservación de medidas de bioseguridad.

Para la comunidad, existirá un sentimiento de pesar y podrá afectar grandemente su moral el ver y sentir (oler) muchos muertos en los alrededores, pero le compete a las autoridades tranquilizarlos en relación con el mito de las epidemias y garantizarles la voluntad de esperar los procesos de identificación y disposición final según sus costumbres.

En resumen, el manejo de los cadáveres a consecuencia de un desastre debe conservar aspectos básicos innegociables: el respeto al duelo y las costumbres religiosas ante la muerte de familiares o amigos; el trato digno y disposición final adecuada del cadáver de acuerdo con esas costumbres, en contra de los entierros o cremaciones masivas; y el derecho de los deudos a que se practiquen los procedimientos legales pertinentes para la declaración de la muerte del familiar, de la cual se podrán desprender procesos de sucesión o de cobro de seguros de vida, entre otros. Consecuentemente, se desmitificará la relación entre cadáveres y epidemias y se promocionarán los procesos de búsqueda e identificación con el uso de los medios tecnológicos apropiados.

En preparativos, este tema casi ni se piensa. En aquellas ciudades en donde el nivel de desarrollo les ha permitido ir a la vanguardia de los preparativos para casos de desastres, este es el paso a seguir. Si bien ya existe una trayectoria en el manejo de heridos en masa y la capacidad de respuesta ante emergencias y desastres está bien monitoreada, creo que este es el siguiente paso: prepararse para la gestión de gran número de cadáveres.

Habrá que identificar sitios de almacenamiento; definir los insumos necesarios para su conservación. Identificar vehículos para su traslado, donde la empresa privada podría ser de gran apoyo. Definir los procesos y procedimientos para que los vehículos utilizados no sean posteriormente señalados y rechazados sus productos porque en el pasado sirvieron para el transporte de cadáveres. Éstas, entre otras variables, harán parte de los preparativos de las autoridades regionales y locales responsables de la prevención y atención de desastres para el manejo apropiado de los cadáveres de los desastres.

La participación comunitaria en los preparativos es el mejor mecanismo para contribuir al derrumbe de los mitos de los desastres. El tema de la gestión de los cadáveres con posterioridad a los desastres deberá incluirse en los contenidos de las capacitaciones que se brindan a los comités barriales o comunitarios de prevención y atención de desastres.

Fuentes:

(09) LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO Y LA GESTIÓN DE RIESGOS / Rodrigo Restrepo G

. 8 de octubre de 2006
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Cuando se estaba preparando el documento final de los Objetivos de Desarrollo Internacional para la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, celebrada en el 2000 en Nueva York, el editorial de uno de los documentos preliminares citaba que era posible lograr las metas trazadas y colocaba el ejemplo de China, que redujo el número de personas que vivían en la pobreza, de 360 millones en 1990, a 210 millones en 1998. En ese mismo editorial se identificaron los supuestos que podrían entorpecer el logro de las metas, mencionando entre otros, además de los gobiernos débiles, con políticas inadecuadas, con violaciones de los derechos humanos; a los conflictos internos, los desastres naturales y otras perturbaciones externas.

Vislumbrar los efectos de los desastres como una variable que puede truncar el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, es un supuesto que de alguna manera justificaría a algunas naciones lo mucho o poco que han podido haber trabajado en el logro de estos objetivos, ya en los seis años transcurridos o en los nueve que quedan por correr, puesto que las metas, casi en su totalidad, están fijadas para el 2015. Mi propuesta es la de identificar cómo, con el logro de los ODM, las naciones se verán beneficiadas con acciones que se traducirán en reducción de vulnerabilidades, pues de manera directa o indirecta estarán realizando gestión de los riesgos ante diversos tipos de amenazas.

Esta es una aproximación en el análisis del impacto sobre la prevención de los desastres con el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio -ODM:

1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre

  • Es casi una constante que los desastres ocasionados por los eventos adversos de la naturaleza golpean en mayor proporción a la población más vulnerable, caracterizada por el denominador común de la pobreza.
  • Además de la vulnerabilidad social, la pobreza acrecienta las demás variables de la vulnerabilidad global, tales como las malas condiciones sanitarias de los asentamientos humanos subnormales, el tipo de construcción y la concentración demográfica en zonas con poco acceso a servicios básicos, generalmente ubicadas sobre terreno de ladera, poco estable.
  • En otras ocasiones, el desarrollo desigual prevalente es generador de pobreza y marginalidad, que son factores determinantes de vulnerabilidad, tanto frente a los desastres de origen natural como a los provocados por el hombre. Se configura entonces un círculo vicioso
  • Reducir y alcanzar a erradicar la pobreza para el año 2015, potenciado con el logro del resto de los ODM, producirá un impacto importante en la reducción de los efectos de los eventos adversos sobre esta población altamente vulnerable.

2. Lograr la enseñanza primaria universal

  • La Educación es una de las herramientas útiles para reducir la vulnerabilidad individual y colectiva. Tan importante es que se ha demostrado que quienes sobreviven a los eventos adversos no son siempre los más fuertes sino quienes han tenido la oportunidad de educarse y prepararse.
  • En la medida en que todos los niños tengan acceso a la educación podrán tener acceso a mensajes comunicativos útiles para mitigar los efectos de los desastres, reduciendo de esta manera su vulnerabilidad.
  • Para potenciar el impacto de este logro en la prevención de desastres, será necesario la implementación de programas regulares de preparativos y reducción de la vulnerabilidad en las escuelas de enseñanza básica primaria, acompañadas de simulaciones, simulacros y actualización de los planes de contingencia escolares.

3. Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer

  • Cada vez es más importante la participación de la mujer en las actividades cotidianas que regularmente son de dominancia masculina. Y muchas de estas tareas resultan ser más eficientes y seguras cuando las realizan las mujeres.
  • El empoderamiento de las mujeres en la identificación de sus riesgos individuales y colectivos y la participación en las decisiones de intervención para la mitigación y la reducción de la vulnerabilidad serán muy apreciados y lograrán mayor aceptación a la hora de generar la participación comunitaria.

4. Reducir la mortalidad infantil

  • La mortalidad infantil es uno de los eventos de interés en Salud Pública que expresa de mejor manera la sensibilidad social de las autoridades sanitarias por su población y su futuro. Reducir la mortalidad infantil es, en sí mismo, reducir la manifestación social de un desastre antrópico silencioso.

5. Mejorar la salud materna

  • Mejorar la salud de las mujeres, en especial aquellas que se encuentran en estado de gravidez, es permitir su participación en el desarrollo de una Nación. Ya hemos defendido el rol de la mujer para impactar los ODM 1 al 3, lo cual sustenta por sí mismo que el mejoramiento de la salud materna contribuye a la prevención de desastres.

6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades

  • El incremento poblacional de personas viviendo con VIH se ha considerado como la pandemia de fin de siglo XX, lo cual es un desastre en Salud Pública.
  • Está bien documentada la evidencia de que las familias más afectadas por el VIH se caracterizan por su bajo nivel socioeconómico, dentro de los cuales sobresalen los usuarios de drogas ilegales, los inmigrantes y los refugiados/desplazados.
  • Otra evidencia documentada es que, en situaciones de grandes concentraciones de población, tales como los refugios de víctimas de desastres o de desplazamientos masivos, se incrementan los abusos de tipo sexual, lo cual genera serios problemas de salud pública y salud mental, tales como enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados y traumas por violaciones.

7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

  • La urbanización improvisada y el deterioro medioambiental han contribuido grandemente a la vulnerabilidad de la población a las consecuencias de los eventos adversos, en especial en la población sumida en la pobreza.
  • Se dice que hoy día en el mundo, el número de “refugiados medioambientales” se iguala a la cifra de refugiados por todas las demás causas juntas (promedio de 19 millones al año), lo cual pone de relieve la magnitud de las consecuencias del deterioro ambiental sobre los desastres.

8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

  • Con todo lo anterior, una de las principales estrategias para fomentar el desarrollo es la de consolidar los recursos necesarios para afrontar estos problemas. Los presupuestos de las organizaciones internacionales encargadas de proporcionar auxilio y acometer la reconstrucción tras las catástrofes no ha estado a la par del incremento de los eventos adversos.
  • Los presupuestos del crédito internacional son cada vez más bajos y sus intereses, cada vez mayores. Esta razón hay que invertirla y apuntar al desarrollo integral y sostenible de la humanidad en un compromiso internacional de supervivencia de la especie.
    De igual manera, la Cooperación Técnica Internacional debe apuntar al fortalecimiento y crecimiento de sus presupuestos de manera proporcional a las necesidades de intervención y ajustar su accionar en la integralidad de las acciones para lograr el impacto anhelado.

Fuentes:

  1. Un Mundo Mejor para Todos: FMI, BM, NU, junio de 2000.
  2. Preparativos para desastres y mitigación de sus efectos – Informe Anual del Director, OPS, 1998, pp. 81–89.
  3. Moisés Naím: El Déficit Asesino, Periódico El País de Madrid, enero 28 de 2006, en: http://www.elpais.es/articulo/elpepiopi/20060128elpepiopi_6/Tes/El%20d%E9ficit%20asesino
  4. What is the impact of HIV on families? - WHO Regional Office for Europe’s Health Evidence Network (HEN), December, 2005, en: http://www.euro.who.int/Document/E87762.pdf
  5. Health and Millennium Development Goals, OMS, Ago 2005, en www.who.int/mdg
  6. Base de datos de indicadores de los objetivos de desarrollo del Milenio; Naciones Unidas, 2005, en: http://millenniumindicators.un.org/unsd/mispa/mi_goals.aspx?

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(08) LOGISTICA DE LA AYUDA HUMANITARIA / Rodrigo Restrepo G

. 30 de agosto de 2006
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“Bienvenido al Planeta Tierra, tercer planeta de la Sistema Solar,
donde sus seres superiores, como tú, dicen llamarse humanos,
pero muchos de ellos no entienden el significado de esa palabra
o la condición de llamarse Ser Humano…”
Rodrigo Restrepo G *

Muchos de los eventos adversos pueden llegar a ser de tal magnitud que, por superar la capacidad de respuesta de sus efectos por parte de de los organismos locales, se constituyen en Desastre, donde la prioridad está enfocada en la atención de las personas que han sido víctimas, directas o indirectas, de dicho evento.

Se han definido las diferentes categorías de la ayuda que se requiere para la atención de los damnificados y los organismos de socorro han consensuado no sólo su identificación sino las normas mínimas de la respuesta humanitaria que se debe brindar ante estas situaciones adversas, con lo que se busca incrementar la eficacia de la asistencia humanitaria para aliviar, de la manera más digna posible, el sufrimiento humano causado por las calamidades o los conflictos.

Superadas las diversas discusiones durante más de dos años de intercambios, se definieron entonces las cinco categorías de la ayuda humanitaria: Abastecimiento de Agua y Saneamiento, Alimentación, Nutrición, Refugio y Salud. En éstas se integran todas las subcategorías que involucran las diferentes ayudas que se requieren para la atención de víctimas y damnificados.

Cada una de estas categorías requiere de una organización lógica para su atención, pero además debe estar integrada, en el espacio del Centro de Operaciones de Emergencia, lo que implica coordinación e interinstitucionalidad. En cada categoría, se debe iniciar por la evaluación y análisis de necesidades, y se debe tener la necesaria capacidad técnica y organizacional para la adquisición, recepción, transporte, almacenamiento y distribución de las ayudas, para que éstas lleguen a los beneficiarios de manera segura, oportuna, eficaz, eficiente y equitativa.

Esta parte logística de la ayuda humanitaria muchas veces no tiene la relevancia requerida por parte de las autoridades a quienes les compete la respuesta en casos de desastre. Ya sea por acción o por omisión, se deja al libre accionar por parte de los operadores de la emergencia y, la mayoría de las veces, termina constituyéndose en el “desastre” después del desastre. Muchos creen que esto es muy fácil de organizar inmediatamente después de la fase impacto, pero la experiencia ha demostrado lo contrario en muchos casos.

Es por ello que, desde la fase de preparativos se debe tener en cuenta esta variable y se deben incorporar, como parte fundamental, los diferentes aspectos logísticos de la ayuda humanitaria, teniendo en cuenta los alcances de los riesgos existentes según los análisis previos, y la incorporación de todos los actores organizacionales que pueden y deben participar en el proceso. En esto existen algunas experiencias exitosas, donde se han colocado en práctica la complementariedad y subsidiariedad, conformándose equipos de respuesta logística, identificándose los sitios que podrán ser bodegas principales, los puntos de ingreso de las ayudas, la organización de la logística y los sistemas de control y monitoreo. Incluso, el proceso hace parte de las simulaciones y simulacros de respuesta de los organismos de socorro.

Precisamente, para el control, monitoreo y transparencia del manejo de la ayuda humanitaria, hoy día se cuenta con un sistema de información desarrollado con el trabajo conjunto de varias organizaciones no gubernamentales y expertos de organismos oficiales. La iniciativa parte de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), sumándose el aporte técnico de otras cinco agencias del Sistema de Naciones Unidas: UNICEF, PMA, OCHA, ACNUR y OMS. El apoyo financiero fue brindado por agencias internacionales de Suecia (ASDI), el Reino Unido (DFID), los Estados Unidos (OFDA/AID), Canadá (CIDA), el Gobierno de Holanda y la Unión Europea (ECHO).

Esta herramienta, conocida como Sistema de Apoyo Logístico o LSS, por sus siglas en inglés, (Logistics Support System), es la versión avanzada del SUMA (Supply Management System), y ha sido ya usada en desastres en Pakistán, Guatemala, Surinam, El Salvador y Colombia. Tiene todas las ventajas de un programa de libre distribución, obtenible fácilmente a través de la Web, actualizable y se puede recibir entrenamiento a través de solicitud a la Representación de la OPS o solicitándolo vía Web.

Fuentes:


  1. Carta Humanitaria y Normas Mínimas de Respuesta Humanitaria en Casos de Desastre, disponible en http://www.sphereproject.org/
  2. Logística y Gestión de Suministros Humanitarios en el Sector Salud, disponible en http://www.paho.org/spanish/dd/PED/suministros.htm
  3. Logistics Support System, disponible en http://www.lssweb.net/

* Parte de una frase que durante mi práctica médica solía decirle a los recién nacidos, una vez los recibía en la Sala de Partos o el Quirófano

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(07) PLANETA ENFERMO / Rodrigo Restrepo G

. 31 de julio de 2006
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Ya había hecho referencia al título de este ensayo en uno anterior. Cada vez se hace más evidente esta afirmación. Pero, como médico que soy, hago la comparación con cualquier patología y me pregunto por la causa de dicha enfermedad y la probabilidad de cortar el círculo vicioso, si lo hubiere.

Un principio matemático, que se aplica en casi todas las ciencias, es el de “…hallada la causa, mitad del problema resuelto…” Es por ello que si se tiene un error de diagnóstico, no vamos a escoger la mejor alternativa de solución.

Otro principio a mencionar es el de la “…acción y reacción…”, el cual obedece a las leyes de la física y de la inercia: “…toda acción tiene su reacción…”. Este principio es el que nos permite también concluir que, si actuamos con agresión, de seguro el efecto o respuesta, en aras del equilibrio, será también agresión; y si se corta el círculo vicioso que está generando una enfermedad, se puede regresar al estado de salud previo a dicha enfermedad.

Los pueblos indígenas permanentemente nos dan lecciones de sabiduría cuando mencionan a la naturaleza como a la “madre tierra”. En algunos de ellos, cuando van a realizar una acción que pueda interpretarse como una agresión a la madre tierra, se toman el trabajo de pedirle permiso para ello, en aras de la subsistencia, y de retribuir o compensar el daño hecho. Si cortan una rama para fabricar una flecha, le piden permiso a la madre tierra y, en reparación, siembran un árbol.

Todo lo anterior como preámbulo para comentar la noticia internacional de la semana relacionada con “El desastre climático del mundo” (El Espectador, julio 30 de 2006), en la cual se contrastan las olas de calor con las lluvias extremas, tal como ha sucedido en Los Ángeles y Fresno, con temperaturas que superan los 40 grados centígrados, y los tifones en el oriente lejano o las granizadas de Argentina que produjeron daños en automotores y en aviones.

Definitivamente somos la causa de la enfermedad del planeta con nuestras acciones de agresión, pero también está en nuestras manos la cura. El pronóstico del efecto invernadero de los ambientalistas de hace algunas décadas es hoy una realidad. No digamos que la responsabilidad está en los gobernantes, pues muchos han asumido compromisos internacionales y no ha pasado nada. No bastará con incrementar la resiliencia de las poblaciones, tal como quedó expreso en el acuerdo de Hyogo. Tenemos que tomar acciones personales, familiares y sociales que promuevan e impulsen el cambio deseado.

Hagamos uso de la imaginación, de estrategias de información, educación y comunicación que contribuyan a devolverle la salud a nuestro planeta, lo cual redundará en bienestar para la humanidad. Incorporemos estas acciones en el concepto de Gestión del Riesgo y hagamos uso de los medios más efectivos para lograrlo. Uno de ellos es éste: La Web.


Adaptación al cambio climático // Adaptation to climate change from Simonwilchesc on Vimeo.



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(06) EL AGUA EN SITUACIONES DE DESASTRE / Rodrigo Restrepo y Jorge Victoria

. 24 de junio de 2006
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Cualquier evento adverso o desastre, independientemente de su origen, tiene un efecto, leve o severo, sobre la infraestructura de los sistemas de abastecimiento de agua potable y saneamiento básico. Incluso, en situaciones donde interviene la mano del hombre, en especial en grandes movilizaciones de personas por causa de disturbios internos o desplazamientos forzados por la violencia, la principal adversidad se encuentra en los problemas de seguridad para el acceso de las poblaciones a las fuentes de agua o a la ayuda humanitaria.

La mayor probabilidad de enfermarse y morir por causa de enfermedades relacionadas con condiciones inadecuadas del abastecimiento del agua o del saneamiento básico la tienen las personas afectadas por los desastres, más que por cualquier otra causa. Las más importantes enfermedades de ese tipo son las diarreicas y otras cuya principal forma de transmisión es por la vía fecal-oral. Su transmisión es favorecida por el saneamiento inadecuado, las malas condiciones de higiene y el agua contaminada. Otras enfermedades vinculadas a la calidad del agua y el saneamiento son las transmitidas por vectores relacionados con los desechos sólidos y el agua.

Los programas de emergencia en materia de abastecimiento de agua y saneamiento básico deben tener como principal finalidad la de garantizar una cantidad mínima de agua potable y reducir la transmisión de las enfermedades propagadas por vía fecal-oral así como la exposición a vectores de enfermedades. En el objetivo de contribuir a crear las condiciones necesarias para que las personas afectadas puedan continuar con su vida cotidiana, es importante que se cumpla sin menoscabo de su dignidad y en condiciones que sean cómodas y seguras.

Para la satisfacción de las necesidades de poblaciones afectadas por los desastres se debe tener total comprensión de la situación, sin omitir factores tan importantes como el factor político, la seguridad y la evolución de la situación. Los damnificados, los organismos humanitarios, los donantes y las autoridades locales necesitan saber que las intervenciones son apropiadas y eficaces. Por eso, es vital proceder al análisis preciso de los efectos del desastre y del impacto directo sobre los sistemas de abastecimiento de agua y saneamiento y confrontarlo con los riesgos y las necesidades en la salud pública. Si la comprensión y la determinación del problema no son correctas, las acciones que se lleven a cabo serán desacertadas.

La población afectada por un desastre debe tener la oportunidad de participar en la formulación y ejecución del programa de asistencia. Esto toma mayor relevancia y se torna imperativo cuando esa misma población ha participado en los programas de mitigación y preparativos dentro de los procesos de gestión del riego.

Después de un desastre es posible que no se disponga de suficiente agua para satisfacer las necesidades fisiológicas, de ahí la importancia de contar con un nivel mínimo de agua potable que asegure la supervivencia y evite problemas de salud relacionados con un abastecimiento de agua inadecuado, ya sea por las malas condiciones de higiene o por el consumo de agua contaminada.

El acceso al agua para las personas víctimas de un desastre deben ser seguro y la cantidad de agua ha de ser suficiente para el consumo, para la cocción de los alimentos y para la higiene personal y doméstica. Los lugares públicos de abastecimiento de agua deben estar lo suficientemente cerca de los alojamientos para posibilitar el acceso de la cantidad mínima de agua.
El agua debe tener un sabor aceptable y ser de calidad suficiente para beber y para su utilización en la higiene personal y doméstica sin riesgos significativos para la salud. Se deben tomar todas las medidas necesarias para evitar la contaminación del agua durante el proceso de transporte, almacenamiento o abastecimiento.

La población deberá disponer de instalaciones y utensilios adecuados para recoger, almacenar y utilizar cantidades suficientes de agua para beber y cocinar y para la higiene personal, así como para que el agua potable mantenga su inocuidad hasta el momento de consumirla.

Además de proporcionar las instalaciones adecuadas para el lavado de manos, de ropas, de utensilios de cocina y para el baño personal, se deben implementar los programas educativos necesarios que puedan garantizar la conservación de las medidas de higiene necesarias para el buen uso del recurso.



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(05) MONITOREO EN DESASTRES / Rodrigo Restrepo G

. 30 de mayo de 2006
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El punto de partida para reducir los riesgos de desastre y promover
una cultura de resiliencia consiste en conocer las amenazas y los factores
físicos, sociales, económicos y ambientales de vulnerabilidad a los desastres a
que se enfrentan la mayoría de las sociedades, así como la evolución de las
amenazas y los factores de vulnerabilidad a corto y largo plazo, para luego
adoptar las medidas oportunas en función de ese conocimiento.
Marco de Acción de Hyogo para 2005 – 2015 [*]

El uso de la epidemiología en los desastres ha permitido estimar, con un alto grado de precisión, el volumen probable de víctimas esperadas según el tipo y magnitud de las amenazas, hasta el punto que los procesos de preparativos institucionales y de respuesta a la atención de la emergencia pueden incluir los recursos necesarios y pertinentes para la atención del desastre según el tipo de evento.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, el desempeño de los procesos de respuesta deben estar preferiblemente acompañados de un proceso de alerta y de alarma, para lo cual, se hace necesario aprovechar la tecnología de la predicción de los evento adversos, herramienta útil para la puesta en marcha de los planes de contingencia.

La predicción de los eventos adversos relacionados con el clima son los que mayores adelantos tuvieron desde mediados y en las postrimerías del siglo pasado. El estado del tiempo, el comportamiento de la pluviosidad, la formación y desplazamiento de tormentas tropicales, ciclones y huracanes; advertencias de tormentas y tornados, entro otros, han sido los principales eventos que hoy en día, con mayor o menor grado de anticipación, se pueden predecir y monitorear. Sin embargo, cuando muchos científicos y estudiosos del tema se expresan sobre la naturaleza, afirmando que nuestro planeta se encuentra “enfermo”, la evidencia les está dando paulatinamente la razón. Pareciera que los adelantos científicos vinieran siendo alcanzados por la naturaleza.

En la publicación número 120 de febrero de 2005 del boletín Predicción Climática y Alertas para Planear y Decidir del IDEAM[**], se planteaba una temporada invernal relativamente clásica para el país, iniciándose en marzo para la región andina y en abril para el caribe colombiano. Se preveían algunas lluvias en febrero, pero nada extraordinario; y se descartaba la presencia de un fenómeno del Niño debido a la tendencia a la normalización de los fenómenos del pacífico tropical. No obstante lo anterior, entre la segunda y la tercera semana de febrero se presentó un incremento inusual de las precipitaciones en la parte nororiental de la región andina que produjo desbordamientos e inundaciones en los Santanderes, con las consecuencias respectivas en damnificados, muertos y heridos.

Otro fenómeno natural que muestra un alto grado de precisión corresponde al monitoreo de las erupciones volcánicas. El seguimiento del comportamiento de los movimientos telúricos en la profundidad de los volcanes, así como el de las emisiones de cenizas y otros parámetros físico-químicos, le permiten a los científicos predecir con mayor precisión en futuro comportamiento de un volcán, activo o no, permitiendo a las autoridades la toma de decisiones y puesta en marcha de los preparativos y planes de contingencia.

Un fenómeno que no ha tenido el mismo grado de adelanto en la predicción y monitoreo corresponde a los movimientos sísmicos. Se conocen las diferentes capas tectónicas de la corteza terrestre y los sitios de confluencia y de mayor sismicidad; pero sólo la evidencia histórica ha permitido lanzar predicciones de frecuencia de ocurrencia, estimada en cada 70 a 100 años para aquellos lugares en los cuales ha habido antes un movimiento sísmico, tal como se hacía con los volcanes. Pero hasta el momento es difícil prever una advertencia de movimiento sísmico. Se ha podido establecer equipos que monitorean el oleaje en las zonas de altamar con alto grado de sismicidad, pudiendo lanzar advertencias de tsunamis, pero el alto costo de su implementación impide extender el monitoreo global.

Más allá del desarrollo de los procesos de monitoreo y de predicción de los fenómenos adversos y climáticos, los científicos deben explorar las causas de estos fenómenos adversos, sus consecuencias si la tendencia se mantiene o empeora, y las medidas mediante las cuales la humanidad podría disminuir o transformar esta tendencia, en procura de la conservación del planeta y de la humanidad.

Mientras tanto, el éxito de la respuesta a los procesos de monitoreo y predicción en desastres no depende exclusivamente del uso de herramientas y equipos especializados, sino en las decisiones político técnicas que vienen desde los mismos organismos de monitoreo y predicción, hasta las decisiones político operativas de las autoridades regionales y locales y del acompañamiento de los organismos de socorro.



[*] Informe de la Conferencia Mundial sobre la Reducción de los Desastres, Kobe, Hyogo, Japón, enero 18 al 22 de 2005

[**] Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales, Colombia, www.ideam.gov.co


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(04) EN COLOMBIA LAS EMERGENCIAS SE CONVIERTEN EN OPORTUNIDADES / Jorge Victoria R

. 16 de mayo de 2006
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El Departamento de Santander se ubica en la región centro oriental de Colombia. Tiene una superficie de 30.537 km2 y una población total de 2.086.649 habitantes, de los cuales el 3,2% (66.400 personas) son Personas en Situación de Desplazamiento Interno debido al conflicto armado del país. Está dividido en dos grandes zonas: la cordillera Oriental y el Valle Medio del Río Magdalena. Su capital es la ciudad de Bucaramanga con 568.136 habitantes. El día 9 de febrero de 2005, luego de una lluvia continua por más de 12 horas, se presentó una creciente y desbordamiento de los Ríos Frío y De Oro a la altura de los municipios de Girón y Bucaramanga, además de la quebrada La Iglesia, que afectaron los asentamientos humanos ubicados en la riberas de estos ríos, principalmente de personas en situación de desplazamiento.

El tiempo lluvioso se mantuvo en todo el oriente del país, pero particularmente sobre los Santanderes debido a la persistencia de un frente frío, cuya mayor intensidad se registró durante el día sábado 12 de febrero. Las lluvias en los anteriores sectores alcanzaron intensidades inusuales, muy por encima de los 100 mm en 24 horas, ocasionando incremento en los niveles de los ríos y deslizamientos en zonas de ladera.

Cuando se estaba iniciando un plan de acción en ambos municipios para el manejo de la postemergencia del evento ocurrido el 9 de febrero, ocurrió un segundo evento catastrófico: lluvias fuertes y continuas entre las 18:00 horas del viernes 11 de febrero y las 11:00 horas del sábado 12 de febrero de 2005, que ocasionaron una creciente tipo avalancha de mucha mayor magnitud que la presentada dos días atrás. La avalancha devastó una zona mucho más grande que la inicial. Además se presentaron múltiples deslizamientos de tierra en las zonas de escarpa y ladera que destruyeron y sepultaron casas, además de taponar las vías de acceso a Bucaramanga y Girón.

Estos registros de precipitaciones permiten establecer que, en forma general, las lluvias que se presentaron durante los días 9 y 11 de febrero fueron las precipitaciones de agua más fuertes registradas en los últimos 30 años en el departamento.

En total fueron afectados 23 municipios en el departamento de Santander: Bucaramanga, Girón, Lebrija, Barrancabermeja, Betulia, Bolívar, Cimitarra, El Carmen, El Cerrito, El Playón, Floridablanca, Guacamayo, Landázuri, Piedecuesta, Puerto Parra, Puerto Wilches, Rionegro, Sabana de Torres, San Vicente de Chucurí, Santa Helena del Opón, Simacota, Socorro y Zapatoca. La Gobernación de Santander declaró la Urgencia Manifiesta para disponer de recursos que permitieran ayudar a los damnificados; a su vez, los municipios afectados declararon la alerta roja. El resultado de las jornadas descritas fue una sucesión de muertes y daños en la infraestructura de las zonas urbanas y rurales aledañas a los puntos involucrados de los municipios afectados, especialmente en Girón y Bucaramanga.

El cuadro siguiente muestra el consolidado de afectaciones
La presencia de una oficina de terreno de OPS/OMS en Santander, que ya estaba trabajando en temas de salud y desplazamiento de la población, permitió brindar cooperación técnica de manera oportuna a las autoridades locales y así minimizar el impacto negativo en la salud. Un gran logro de la atención a esta emergencia fue el manejo oportuno de la información, junto con el montaje de un sistema de información epidemiológica con base comunitaria. Esto ayudó en la toma de decisiones y les permitió a las autoridades a tomar medidas preventivas que evitaron epidemias y brotes en los albergues. Se hizo un reporte diario en la Web para mantener informadas a las entidades gubernamentales y agencias de Naciones Unidas y conservar una memoria.

Con la intención de consolidar las lecciones aprendidas en este evento, en noviembre se realizó un “Foro Departamental de Vigilancia en Salud Pública en Situaciones de Emergencia” con la participación de coordinadores de servicios de urgencias de hospitales regionales, trabajadores de salud, el Ministerio de la Protección Social, autoridades locales y departamentales, y OPS/OMS. Una lección importante es que ahora hay un mejor entendimiento de la naturaleza integral de una emergencia, ya que se presentó no sólo el punto de vista tradicional de acciones de respuesta (rescate, evacuación, transferencia de pacientes y tratamiento de los heridos), sino también el de salud pública y epidemiología.

Este año, el departamento de Santander se ha librado de inundaciones graves. Sin embargo, el incremento en la conciencia y la capacitación en centros de operaciones de emergencias y manejo de la información en emergencias le ha permitido a las autoridades aplicar una perspectiva de manejo de emergencias a los temas de salud pública. Este fue el caso cuando se estaba preparando un plan de contingencia para detener la transmisión del sarampión a Santander desde un país vecino.

Un informe del Observatorio de Salud Pública de Santander sobre el impacto de este evento en la salud de las comunidades afectadas se encuentra disponible en http://slidesha.re/osps04-2005

Contribución de Jorge Victoria Restrepo, Profesional Nacional de la OPS-OMS Colombia
Para más información escriba a jovictor@paho.org, o visite la página www.paho.org/col/ped


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(03) SISMO EN BARRANQUILLA / Rodrigo Restrepo G

. 5 de mayo de 2006
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Foto: Barranquilla desde el Satélite y Diagrama del Epicentro del Sismo

En los últimos 7 días hubo algunos eventos geológicos que me llamaron la atención por sus similitudes y sus diferencias y deseo hacer un llamado a la reflexión, más que a la preocupación (pre-ocupar), a la ocupación, en lo que a decisiones se trata.
· Abril 30/06, 06:41 hora local. Sismo magnitud 4,4 con epicentro a 30 km al noroeste de Calima - Darién, al sur del Valle, a una profundidad de 66,1 kilómetros.
· Mayo 2/06, 13:16 hora local. Sismo magnitud 4,8 con epicentro a 26,6 km al noreste de la cabecera municipal de Barranquilla, a una profundidad de 40,3 km, sentido en Barranquilla, Santo Tomás (Atlántico), Palermo (Magdalena) y Cartagena (Bolívar).
· Mayo 3/06, 15:26 GMT. (04:26 hora local). Terremoto de magnitud 7,9 con epicentro en la región de Tonga, en el continente asiático, a 155 kilómetros al sur de Neiafu y 160 kilómetros al nordeste de Nuku'Alofa y a una profundidad de 55 km. Fue sentido en todo el archipiélago de Tonga (170 islas) y seguido de, al menos, cinco réplicas fuertes.

Este último evento prendió las alarmas y el Centro de Alerta de Tsumanis de Estados Unidos lanzó una alerta de tsunami para la costa del Pacífico Sur, dada la magnitud del evento. Fueron necesarias cinco horas de monitoreo para que dicha alerta fuera cancelada por parte del Servicio Geológico de los Estados Unidos.

La evidencia de los últimos dos o tres años nos ha demostrado que en Colombia, y en especial en nuestra Costa Atlántica, no estamos exentos de muchos de los eventos adversos de la naturaleza. Desde el 2002 hemos registrado la presencia de tornados en Barranquilla y muy cerca de ella. Ahora, hemos estado amenazados por eventos geológicos muy cercanos al terremoto y al tsunami. Somos vulnerables.

La vulnerabilidad, factor intrínseco del riesgo, dependerá en mayor o menor escala de los preparativos que se tengan para afrontar amenazas identificadas, así como las obras de mitigación para la reducción del impacto del evento adverso previsto.

Los preparativos implican, por una parte, fortalecer el conocimiento, tanto de los organismos de respuesta y de socorro, como de las autoridades responsables de la Gestión de Riesgos, como de la comunidad, en lo relacionado con la etiología de los eventos adversos, sus variables de comportamiento, sus efectos físicos, económicos, sociales y ambientales, su repercusión en la Salud Pública y las acciones de prevención para minimizar el impacto de esos efectos.

Pero no basta con conocer. También hay que ser consecuentes con las acciones que hay que tomar. Todos sabemos que en un semáforo, cuando la luz cambia de verde a amarillo, hay que reducir la velocidad y detenerse; pero ¿qué es lo que comúnmente hacemos? De eso se trata. Tenemos que educar nuestras conductas a la luz de nuestro conocimiento. Esto se logra a través de ejercicios de simulación y de simulacros.

El conocimiento también nos lleva a identificar nuestras falencias. Y siempre las habrá. Tendremos que adoptar nuevas tecnologías y procurar el recurso físico, humano, técnico y económico para el fortalecimiento de los elementos necesarios para prepararnos ante los eventos adversos, tales como el monitoreo de los niveles de las aguas pluviales, fluviales y marinas; los equipos de respuesta en organismos como Bomberos, Defensa Civil, Cruz Roja, entre otros; los procesos y procedimientos para el manejo de desastres, que deben estar permanentemente chequeados en los Comités Locales de Prevención y Atención de Desastres y el Comité Regional de Prevención y Atención de Desastres. Además, identificar aquellas necesidades de capacitación y actualización de los funcionarios con responsabilidad en el tema.

Y finalmente, se hace necesario darle la participación pertinente a la comunidad, quienes podrán ser los beneficiarios de las acciones de prevención y mitigación de desastres, considerándolos como los damnificados del desastre que pudimos evitar. Es decir, organizándolos en agentes comunitarios de la gestión de sus propios riesgos, lo cual contribuirá en la apropiación de sus propias soluciones, de la mano con las autoridades, y facilitará vencer la resistencia que el afecto produce en el ser humano cuando se identifica que su entorno representa un riesgo para su subsistencia. Siempre será difícil convencer a quien vive y subsiste cerca de un volcán para que se aleje de él.

Serán las obras de mitigación el complemento a todo lo anterior, cuando se puedan intervenir, por ejemplo, la canalización de arroyos, la construcción de diques de contención, el reforzamiento estructural de edificios, en especial de centros de atención en salud; entre otras.

Todo esto tiene un costo y siempre habrá limitaciones de recursos. Pero lo que no debe existir es la limitación mental. Los límites del hombre están en su mente; de no ser así, ni siquiera la rueda existiera. La Gestión del Riesgo implica la planeación y acción desde el antes del desastre, en el durante y en el posdesastre. Realmente hay recursos. Ya se han ejecutado más de mil millones de pesos en Pasto (de nuestros impuestos) y el volcán Galeras aún no ha erupcionado en esta nueva alerta. No he incluido aquí los recursos propios de los organismos de socorro ni los de la ayuda internacional, que también han sido importantes. Entonces, lo que se necesita es Gestión.

Como ven, mi objetivo no es un llamado a la preocupación sino a dar el siguiente paso… ocuparnos!

Fuentes:
· INGEOMINAS, en
http://www.ingeominas.gov.co/
· Diario El Tiempo, en http://www.eltiempo.terra.com.co/
· Servicio Geológico de los Estados Unidos, en
http://earthquake.usgs.gov/

Ir a: Restrepo R.: "Probabilidad de tsunami en el Caribe colombiano", en GiraMundo, disponible en: http://giramvndo.blogspot.com/2011/03/73-probabilidad-de-tsunami-en-el-caribe.html, publicado el 16-03-2011



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(02) DESASTRES Y SALUD PUBLICA / Rodrigo Restrepo G.

. 2 de mayo de 2006
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Se tiene claramente identificado el hecho de que la relación del hombre con la naturaleza, en especial, el abuso permanente y sostenido contra el medio ambiente, afectan de tal manera esta relación, que los fenómenos naturales muchas veces culminan en desastres. Pero sus consecuencias no sólo se traducen en un número mayor o menor de muertos y lesionados sino que por lo general se acompaña de un gran desequilibrio social, con daños en la infraestructura, incluyendo las instalaciones de atención en salud; daños en la economía, la agricultura, la industria y el medio ambiente, haciendo mucho más difícil el proceso de reconstrucción y reparación.

Este proceso de restablecimiento de la calidad de vida a un nivel igual o superior al que se tenía antes del evento adverso, requiere de una atención integral, interinstitucional e intersectorial, no solamente limitado a la atención en salud sino al bienestar social integral, pero articulado al mantenimiento de la salud de la población damnificada y sobreviviente. Es por ello que se considera a los desastres como un problema de salud pública, pues la situación requiere de la atención poblacional, implementando procesos y utilizando las herramientas epidemiológicas para el mantenimiento de condiciones mínimas de salud en medio de la reconstrucción.

Desde el punto de vista epidemiológico es común que se le preste mayor atención a las enfermedades que son interés en salud pública, lo cual es importante para el mejoramiento de la salud poblacional y ha traído muchos logros en este sentido. Pero el impacto que tienen los desastres sobre la salud pública quizá no haya sido más profundamente estudiado, tal vez por que en el pasado eran poco comunes los desastres; o por el paradigma de que las fuerzas de la naturaleza no se pueden controlar; o por los modelos de atención en salud actuales en la región, cuyos sistemas de salud se han centrado más en la medicina curativa; o por otras causas como el flujo de información muchas veces disímil en situaciones de desastre, entre otras.

El hecho es que hoy día se tienen más elementos de juicio, a través de la investigación y la utilización de la epidemiología, que nos hacen deducir que los eventos adversos tienen un patrón de impacto específico y predecible sobre la salud pública, hasta el punto en que podemos y debemos planear con antelación a la ocurrencia de un desastre, las respuestas seleccionadas en salud, de tal manera que las instituciones y todo su personal se encuentren debidamente preparados para la ejecución de dichos planes, adelantándose inclusive a cualquier tipo de evaluación de necesidades en el pos-desastre inmediato.

En ese orden de ideas, podríamos decir entonces que existen una categoría de desastres sobre los cuales se puede tener una aproximación acertada de cómo será la morbilidad y la mortalidad, así como los daños a la infraestructura sanitaria, sobre lo cual se deberán implementar procesos de vigilancia epidemiológica para disminuir el impacto del desastre sobre la salud pública.

Las autoridades territoriales, en especial, la dirección de salud, deberá fortalecer los procesos de capacitación de sus funcionarios técnicos y/o coordinadores de proyectos, para la elaboración de estos planes de emergencia, así como la ejecución de los mismos, articulados con los de los sectores de agua y saneamiento, planeación y desarrollo territorial, participación social y comunitaria, obras públicas, entre otros. Además, la mejor manera de ajustar dichos planes consiste en probarlos, no necesariamente en medio del desastre, sino a través de simulaciones y simulacros.

El tema es tan importante tenerlo en cuenta en la agenda pública de la autoridad de salud que, dentro de las once Funciones Esenciales de Salud Pública descritas por la Organización Panamericana de la Salud, una de ellas es la de la Reducción del Impacto de Emergencias y Desastres en Salud, en la cual se evalúa la gestión de las autoridades de salud para la reducción del impacto de emergencias y desastres en salud; el desarrollo de normas y lineamientos para que apoyen la reducción del impacto de los desastres en salud; la coordinación y alianzas con otras agencias e instituciones; y la asesoría y apoyo técnico que sobre el tema deberán brindar a todos los actores del sector para la reducción del impacto de los desastres en la salud pública.

Por último, en cada desastre existe una serie de enfermedades trazadoras con posterioridad al evento adverso, según la magnitud del desastre. El sistema de vigilancia epidemiológica rutinaria debe implementar los mecanismos de alerta y de contingencia, con un listado de las posibles enfermedades relacionadas con cada tipo de desastre, estableciendo además un sencillo programa de recolección de datos y poniendo en marcha los programas regulares de control de las enfermedades.
Lecturas recomendadas:
  • Muñoz, Fernando y cols: "Las Funciones Esenciales de la Salud Pública: un tema emergente en las reformas del sector salud:", Revista Panamericana de Salud Publica/Pan Am J Public Health 8(1/2), 2000, disponible en: http://www.scielosp.org/pdf/rpsp/v8n1-2/3012.pdf, consultado en 020506.
  • 42 Consejo Directivo/52a Sesión del Comité Regional, Organización Panamericana de la Salud - CD42/15: "Funciones Esenciales de Saalud Pública", julio-2000, disponible en: http://www.paho.org/spanish/gov/cd/cd42_15-s.pdf, consultado en 020506.



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(01) DESASTRES Y DESARROLLO / Rodrigo Restrepo

. 26 de abril de 2006
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"Estrategias más efectivas de prevención no solo ahorrarían decenas de billones de dólares, sino que salvarían decenas de miles de vidas. Los fondos gastados actualmente en intervención y socorro podrían dedicarse a mejorar el desarrollo equitativo y sostenible, lo cual reduciría el riesgo de guerras y desastres. Edificar una cultura de prevención no es fácil. Mientras que los costos de la prevención deben proveerse en el presente, sus beneficios sólo se obtienen en un futuro distante. Más aún, los beneficios no son tangibles; tales como los desastres que NO sucedieron." (*)

Cada año son miles las personas que sufren los rigores de la naturaleza, con ocasión de eventos adversos tales como terremotos, sequías, inundaciones, tormentas, ciclones tropicales, incendios forestales y erupciones volcánicas; situaciones que además se acompañan de la destrucción del sustento de la población debido al daño de la infraestructura económica y social, así como al ambiente. Pero no sólo la naturaleza puede ser la detonante de eventos adversos con las consecuencias antes mencionadas, pues el hombre y sus adelantos tecnológicos, o una combinación de éstos con los eventos de la naturaleza, pueden causar también tales daños. Son ejemplos de ello, las intoxicaciones masivas, las contaminaciones químicas, los incendios y explosiones, los accidentes masivos, la violencia social y los actos maliciosos.

El riesgo de ser víctima de un evento adverso depende básicamente de dos factores: que exista una amenaza, representada por el factor externo, sea de la naturaleza o no, a saber, un huracán, un movimiento sísmico, un volcán, un conflicto político, presencia de desechos tóxicos, entre otros. Y el factor interno de la vulnerabilidad, representado por la mayor o menor predisposición intrínseca a ser dañado; es decir, la debilidad, incapacidad o dificultad para evitar, resistir, sobrevivir y recuperarse, en caso de un evento adverso.

La mayor o menor probabilidad de estar a riesgo de sufrir las consecuencias de un evento adverso estará en función de la existencia real de la amenaza y de cuán vulnerables seamos ante la inminencia de dicha amenaza.

La reducción del riesgo se obtendrá a través de actividades emprendidas para reducir tanto las condiciones de vulnerabilidad como, en la medida de lo posible, la causa del peligro natural (podrían intervenirse situaciones predecibles, en especial cuando se trata de sequías, inundaciones y deslizamientos).

El denominador común presente en la mayoría de las víctimas de los eventos adversos por causa de la naturaleza es la pobreza, pues estas poblaciones no llegan a tener acceso a viviendas bien construidas y localizadas en zonas seguras, pero además tampoco tienen acceso a servicios básicos de salud, al saneamiento básico mínimo ni a la educación o información. Y en algunos casos, donde la situación política o de orden público es altamente insegura, tampoco tienen acceso a la mínima organización comunitaria básica, necesaria para el establecimiento de sistemas de alerta o aviso ante situaciones de emergencia. Por sus condiciones, las actividades humanas de estas poblaciones profundizan el estado de deterioro ambiental de su entorno.

Son estos grupos de población los que podemos calificar como de alta vulnerabilidad, pues tienen muy reducida su capacidad de recuperación al nivel de vida que tenían antes del desastre. Deben ser, por lo tanto, el blanco de las acciones integrales que incluyan su reubicación a zonas más seguras, sumado a construcciones apropiadas y dignas de sus viviendas y al acceso de los servicios básicos de educación y salud, entre otros.

Dentro de los procesos de planeación para el desarrollo de las ciudades y municipios se han incorporado los nuevos enfoques de regionalización, donde el ordenamiento territorial contiene las orientaciones que conviene adoptar para la conformación del territorio y el desarrollo social, económico y ambiental sostenible, mucho más allá del simple crecimiento. Es por ello que su visión no puede ser a corto plazo sino a mediano y largo plazo, tomando en cuenta los riesgos ante eventos adversos, para implementar obras de mitigación ante las amenazas y acciones de preparativos para la reducción de las vulnerabilidades.

Se debe, por lo tanto, apuntar el desarrollo sostenible en la implementación de acciones que transformen la tendencia actual de la vulnerabilidad a los eventos adversos, orientando los recursos de ayuda al desarrollo en obras que incluyan la previsión de los efectos de los fenómenos naturales, de la gestión del riesgo y de la prevención de los desastres. Se debe trabajar en la reducción de la vulnerabilidad humana, en especial en la reducción de la brecha cada vez más profunda de la pobreza y la miseria. De hecho, los Objetivos de Desarrollo del Milenio, firmado por los países miembros de las Naciones Unidas, incluyen y trabajan para lograr este propósito para finales del 2015.

Dentro de esta misma categoría de acciones tendientes a la reducción de la vulnerabilidad se incluyen la gestión integral, sostenible y adaptada de los recursos naturales, incluyendo programas de reforestación, un apropiado ordenamiento territorial y una buena gestión de ríos y zonas costeras, en especial la protección de las fuentes naturales.

Se debe tener en cuenta la variable relacionada con la tendencia del cambio climático provocado por las acciones del sobreuso de los recursos, que contamina y genera situaciones de desertificación y deterioro ambiental acelerado que progresivamente ocasiona cambios climáticos con efecto global. Se deben identificar estos factores y reducir su persistencia.

Por último, se deben establecer estrategias para elaborar políticas de desarrollo que conduzcan a la reducción de la vulnerabilidad a los desastres, donde la participación de los ciudadanos en la gestión de sus riesgos ha de ser un factor ineludible. Se debe empezar por la obtención de la voluntad política de las autoridades territoriales, debidamente expresada en sus actos administrativos, donde queden incluidos los procesos de sensibilización y educación a la comunidad; la intersectorialidad pública y privada; el acceso a la información para la comprensión y conocimiento de los fenómenos naturales y todas las causas no naturales de los desastres; y el desarrollo e inclusión de mejores sistemas de predicción y de alertas tempranas en los planes de preparativos y de contingencia ante las amenazas identificadas.

(*) Kofi Annan, Secretario General de las Naciones Unidas. “Introducción al Informe Anual del Secretario General sobre el trabajo de la Organización de Naciones Unidas, 1999” (documento A/54/1).


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Acerca de GiraMundo

. 3 de marzo de 2006

GiraMundo

Es un espacio dirigido al público en general, pero en particular, al personal sanitario, a las autoridades del sector de la salud y otros sectores conexos con la salud pública, y a los tomadores de decisiones, creado para exaltar las acciones que impactan en el mejoramiento de la salud y el bienestar de las comunidades, la reducción de los riesgos para la salud y para motivar a quienes tienen la responsabilidad y la competencia de la salud de sus conciudadanos, a tomar las decisiones y acciones pertinentes y en concordancia con sus mandatos.

Los escritos son originales, producto de la experiencia de su autor, fruto de su labor profesional, con sus aciertos y desaciertos. Alguna publicación podrá estar relacionada con algún diagnóstico clínico específico y su tratamiento, tomando como base el más reciente conocimiento técnico científico y de la mayor calidad. La información proporcionada en GiraMundo ha sido planteada para apoyar, no reemplazar, la relación que existe entre un paciente / visitante de este sitio web y su médico.

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El Autor

Médico y Cirujano colombiano, con posgrados administrativos en Gerencia de Servicios de Salud y Administración de Salud y amplia experiencia en Gestión del Riesgo para la Salud, con énfasis en Emergencias y Desastres, en Emergencias Complejas y en Enfermedades Transmisibles y No Transmisibles.

Experiencia laboral de más de 25 años en desempeño profesional, inicialmente en el entorno hospitalario en servicios de urgencias, en especialidades quirúrgicas y en el área administrativa (primeros 10 años); posteriormente, como Profesional Nacional desde la representación de la Organización Panamericana de la Salud en Colombia, en el Programa de Emergencias y Desastres (1998-2008). Seguidamente, como Consultor Independiente, en el período de 2008 a 2012, lustro en el cual se brindó apoyo en diferentes proyectos en Salud Pública. Destacables: Apoyo al Ministerio de Salud y Protección Social en la Sala de Crisis con ocasión de la pandemia por Influenza A H1N1 (2009-10); fortalecimiento del Equipo de Respuesta Inmediata del Instituto Nacional de Salud de Colombia (2010-11); apoyo al fortalecimiento de los espacios intersectoriales nacionales relacionados la vigilancia de la salud pública y la red nacional de laboratorios (2011-12).

Actualmente, como funcionario del Ministerio de Salud y Protección Social, lidera desde la Subdirección de Enfermedades No Transmisibles la formulación e implementación de políticas públicas para la reducción del impacto de los factores de riesgo que mayor número de enfermedad y muerte causan en Colombia y en el mundo, en especial en el grupo de enfermedades cardiovasculares y diabetes.

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