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(47) LA HORA DEL PLANETA, MAS ALLA DE UNA HORA AL AÑO / Rodrigo Restrepo G

. 30 de marzo de 2009
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Culminó el primer trimestre del 2009 con el inicio oficial de la primera temporada invernal del año (Colombia) y sus “esperadas” consecuencias en damnificados y víctimas, en pérdidas materiales y humanas y en incremento del trabajo en respuesta a las emergencias. Sólo este fin de semana hubo inundación en 18 barrios de la ciudad de Pasto por desbordamiento del Río debido a la gran cantidad de lluvia que por más de 10 horas cayó sobre esa ciudad.

Pero también se llevó a cabo la llamada Hora del Planeta, iniciativa convocada desde hace 3 años por la WWF (World Wild Fund / Fondo Mundial por la Naturaleza), en la cual, durante 60 minutos, un día al año, se apagan las luces de manera voluntaria por parte de los ciudadanos del mundo, a una misma hora. Esto quiere decir que durante 24 horas, el planeta redujo cada hora el consumo de energía de los habitantes que se unieron a la campaña. En esta tercera versión sus organizadores han dado un parte de victoria por el incremento exponencial de los resultados obtenidos. Fueron casi 4.000 las ciudades vinculadas de manera oficial, a través de sus autoridades en 88 países. Diez veces más que el año anterior.

El propósito inicial fue el hacer tomar conciencia por parte de los habitantes del planeta de la manera como se puede contribuir con la desaceleración del calentamiento global. Pero ya hoy este propósito ha trascendido a las autoridades mundiales, cuyos líderes son quienes toman las medidas para que de manera sistemática se asuman acciones acordes con los compromisos. Quiere decir que no basta con asumir compromisos, como lo que se desea para diciembre de 2009 en Copenhague, donde se reunirán los líderes mundiales y a quienes la presión de los resultados de este día debe llevarlos a asumir el compromiso de trabajar de manera más seria en el problema del calentamiento global desde sus países, tomando las medidas para reducir el impacto porcentual que les corresponde.

No es un secreto que el mayor porcentaje lo aportan los países industrializados y las consecuencias la sufren los países en desarrollo. Quiere decir que el ejemplo de la Hora del Planeta en esos países debe extenderse a más de una hora al año. Medidas como el día sin carro, en Bogotá, por ejemplo, se lleva a cabo dos veces al año. Independientemente de las consecuencias económicas, los resultados positivos desde el punto de vista ambiental ya han sido demostrados. Igual ha sucedido con el Pico y Placa para los vehículos en las principales ciudades. El día sin moto, que en Barranquilla se lleva a cabo una vez cada mes, y aunque la motivación es diferente a la ambiental, su impacto en la seguridad y la salud mental ha sido demostrado.

La vinculación oficial en Colombia a la Hora del Planeta se limitó a poco más de 50 organizaciones, incluyendo a 6 administraciones municipales cuyas autoridades suministraron el listado de edificios emblemáticos que apagaron sus luces durante una hora, a las 8:30PM del pasado sábado 28 de marzo. Y pudimos apreciar la manera como muchos ciudadanos hicieron lo propio desde sus lugares de residencia. Pero también pudimos leer de otras ciudades intermedias donde el momento pasó inadvertido; incluso, en el diario de una ciudad fronteriza mencionaron que en el edificio de la oficina gubernamental responsable del tema ambiental, sus luces estuvieron encendidas durante la hora del planeta.

Pienso que ya es el momento de dar el salto. La Hora del Planeta puede extenderse... ¿A más de una hora?, ¿A más de una vez al año? ¿A una misma hora universal? ¿A todas la ciudades del país? ¿Por continente? Mientras las autoridades y sus asesores jurídicos y de imagen toman la decisión y las medidas normativas, los ciudadanos podemos tomar la iniciativa de extender esta experiencia con nuestras redes sociales.



Lecturas recomendadas:

  1. Página oficial de La Hora del Planeta, consultada en 290309, aquí.
  2. Empresas colombianas vinculadas con el tema este año, consultada en 290309, aquí.
  3. Noticia vinculante del Ministerio de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial de Colombia, consultada en 300309, aquí.

Fotos tomadas de las Webs de: El Diario del Sur, AFP, http://www.wwf.org/, http://whos.amung.us/stats/maps/99a5oee2/.

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(42) CAPACITAR A LAS COMUNIDADES EN GESTION DEL RIESGO / Rodrigo Restrepo G

. 16 de febrero de 2009
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La evidencia de la magnitud, frecuencia y consecuencias de los desastres en el planeta nos ponen a reflexionar acerca de nuestro rol como académicos, técnicos, profesionales, consultores o autoridades que trabajamos en pro de la reducción de sus consecuencias sobre la población para la cual nos debemos, según nuestro mandato. Cada año se incrementa el número de heridos, muertos y damnificados por causa de los eventos adversos de origen natural, tales como los fenómenos hidrológicos, meteorológicos, geológicos o biológicos, sumando además los eventos de origen antrópico, tales como la degradación ambiental y las amenazas tecnológicas conexos a los eventos naturales.

Quizá sea muy difícil para nosotros, al menos en el momento actual, poder influir en la conciencia y en la superación de los intereses particulares de muchos de los gobernantes y tomadores de decisiones con alto grado de influencia global o territorial; pero sí podemos aplicar algo o mucho de reingeniería para preparar de la mejor manera a la comunidad y prevenir, al menos, el número de muertes que los desastres contemporáneos han dejado como estela de su paso.

En la Conferencia Mundial sobre la Reducción de los Desastres, llevada a cabo en enero de 2005 en Japón, los diferentes representantes del Globo allí presentes aprobaron como informe de esa reunión, el “Marco de Acción de Hyogo para 2005 – 2015: Aumento de la resiliencia de las naciones y las comunidades ante los desastres”. En éste, se prevé como resultado o logro del encuentro el obtener la reducción considerable de las pérdidas ocasionadas por los desastres, tanto las de vidas como las de bienes sociales, económicos y ambientales de las comunidades y los países. Para ello, se identifican cinco grandes prioridades de acción y sus respectivas estrategias.

Una de estas prioridades consiste en la utilización del conocimiento, las innovaciones y la educación para crear una cultura de seguridad y de resiliencia a todo nivel. Y define la “resiliencia” como la “capacidad de adaptación de un sistema, comunidad o sociedad potencialmente expuesto a amenazas, con el fin de alcanzar o mantener un nivel aceptable en su funcionamiento y estructura”. Esa capacidad de adaptación, sea resistiendo o cambiando, va a estar determinada por el grado en que el sistema social es capaz de organizarse para incrementar su capacidad de aprender de los desastres pasados, a fin de protegerse mejor en el futuro, mejorando las medidas para la reducción de los riesgos.

En este orden de ideas, en la medida en que las comunidades se encuentren bien informadas y motivadas para asumir la cultura de la prevención y de resiliencia ante los desastres, podremos ver la implementación de las medidas de mitigación y preparativos necesarios para la reducción considerable de sus efectos. Ello implica por lo tanto, la necesidad de obtener, sistematizar y divulgar los conocimientos y la información pertinentes sobre las amenazas, los factores de vulnerabilidad y la capacidad de respuesta de la comunidad organizada, a manera de un sistema social activo empoderado en la cultura de la prevención.

El sector salud tiene una doble connotación en esta prioridad, pues como sector que tiene múltiples dimensiones determinantes, sufre en primera instancia los embates de la naturaleza y puede, en mayor o menor magnitud, verse afectado por el desastre. Pero también, es el sector de respuesta inmediata a los damnificados y heridos por causa del mismo evento adverso, y como tal, tiene una alta responsabilidad en el inicio del proceso de recuperación y restablecimiento. Entra en juego lo que en emergencias se conoce como “la hora de oro”, de cuyas acciones apropiadas y efectivas depende la supervivencia y recuperación de la víctima.

Han existido experiencias exitosas donde las autoridades han trabajado de la mano con la comunidad, con la conformación de comités barriales de emergencia, cuyos integrantes han recibido capacitaciones y formación técnica de calidad en todo lo relacionado con la gestión del riesgo. Los resultados de esta red social se han traducido en la disminución de víctimas y de mayores efectos sociales y económicos en esas municipalidades cuando se ha presentado algún evento adverso de tipo emergencia o desastre. Lamentablemente no en todos estos casos ha habido continuidad en los procesos o se han dejado de incorporar los elementos intersectoriales de los determinantes de la salud que de una u otra manera integran y forman esa cultura de la prevención, más allá de la prevención de los desastres.


Es hora de actuar en este propósito.

Lectura recomendada:
  • Marco de acción de Hyogo para 2005-2015: Aumento de la resiliencia de las naciones y las comunidades ante los desastres, consultado en 160209, disponible aquí


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