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(86) LAS ENFERMEDADES NO TRANSMISIBLES SÍ SON TRANSMISIBLES / Rodrigo Restrepo G

. 20 de noviembre de 2013
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Quizá suene descabellado el título de este ensayo, pero de eso se trata, de aprovechar estos espacios que brinda la Web para colocar ideas en la comunidad e intercambiar y aportar al foro, con sus comentarios y sustentos.

Al grupo de enfermedades no transmisibles que son del mayor interés para la salud pública, pertenecen:
las enfermedades cardiovasculares, los diferentes tipos de cáncer; afecciones metabólicas o endocrinas como la diabetes y la obesidad; la Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica, la Enfermedad Renal Crónica, entre otras. Todas ellas son reconocidas por el común de la gente como enfermedades de la edad (referidas a las personas adultas mayores), achaques de la vejez, y toda una serie de estigmas y mitos.
Pero la realidad es que la mayoría de este grupo de enfermedades surgen como parte de un proceso de transmisión, llamado por uno de mis colegas como “de generación en degeneración”. Son el producto de los excesos de la juventud, cuando nos creemos los dueños del mundo y que nunca se nos va a acabar; pero también, son las consecuencias de los hábitos adquiridos de manera consuetudinaria y sin mala fe por parte de nuestros seres queridos.

En la infancia se aprenden los principios y los valores que los padres inculcan en sus hijos, los cuales terminan afianzándose o rechazándose de plano en la adolescencia. Justamente en mi infancia aprendí que cuando los hábitos de las personas atentan contra ellas mismas y contra su prójimo, se les llama vicios; mientras que si los hábitos producen bienestar a sí mismos y a sus congéneres, se les llama Virtudes. Precisamente, lo que muchos padres, madres, tíos, primos, amigos, conocidos y desconocidos están inculcando en los menores de edad son hábitos poco saludables, para nada generadores de bienestar: el consumismo de bienes y servicios sin una real necesidad o satisfactor desatendido; el estrés y la vida sin tiempo para nada; el sedentarismo o la poca disposición o capacidad para la realización de la actividad física mínima recomendada; la alimentación desbalanceada, baja en nutrientes, alta en calorías y muy alejada del mínimo recomendado de consumo de frutas y verduras; el uso nocivo, compulsivo o pesado del alcohol; el consumo y exposición al humo del tabaco y sus derivados, entre otros.

Todos estos hábitos, que para nada son virtudes, son los que los seres humanos han transmitido “de generación en degeneración”, “contribuyendo” a la transición epidemiológica global actual, donde la principal carga de enfermedad, discapacidad y muerte de la humanidad la constituyen, en más de dos terceras partes, las llamadas enfermedades no transmisibles. Quiero decir entonces que cuando a los menores les transmitimos hábitos poco saludables, como fumar, comer en exceso y con altas cantidades de grasa; usar el salero en la mesa del comedor, muchas veces sin probar previamente los alimentos; tomar en exceso bebidas azucaradas; dedicar demasiado tiempo libre frente al televisor; no aprovechar los todavía escasos espacios públicos para el esparcimiento, como los parques y ciclovías; cuando se les transmite la costumbre de que si en una fiesta o reunión no hay embriaguez, no hay diversión; y lo peor aún, cuando se les transmite la intolerancia y las respuestas soeces, agresivas y violentas ante las mínimas adversidades; en todos estos casos, les estamos transmitiendo en el largo, mediano y en algunos casos, en el corto plazo, la probabilidad muy alta de padecer alguna de estas enfermedades arriba mencionadas.

La buena noticia es que a esta epidemia se le pueden aplicar las estrategias de vigilancia y control en salud pública, hasta lograr reducirla y, por qué no, eliminarla. El hecho de tener priorizadas para Colombia unas metas y estrategias en el Plan Decenal de Salud Pública 2012 – 2021, en la Dimensión de Vida saludable y condiciones no transmisibles, implica una vigilancia epidemiológica sobre una serie de indicadores alrededor de los modos, condiciones y estilos de vida saludable y el comportamiento de la carga de las enfermedades crónicas prevalentes, con una amplia participación transectorial y comunitaria, acompañados de las inversiones requeridas en los diferentes entornos para la promoción de estilos de vida saludables.

Además del trabajo que toda esta labor representa para lograr reducir el riesgo de los adultos jóvenes y de edad media que ya vienen afectados por los hábitos poco o nada saludables y que incluye el fortalecimiento del sistema de salud para afrontar la epidemia, nuestro reto es el de saber transmitir a los menores de edad los hábitos y estilos de vida que son protectores para la salud, acompañados de la transformación positiva de los entornos, que promuevan una cultura de la salud y del autocuidado.

Tenemos que saber transmitir a los menores de edad, ahora sí, de generación en generación, los buenos hábitos del uso apropiado del tiempo libre; de poder acceder y disfrutar de un mínimo de 60 minutos diarios de actividad física, lo cual implica adecuaciones de infraestructuras y de procesos en los entornos escolares. Brindarles y garantizarles el derecho a la lactancia materna exclusiva en los primeros seis meses de vida; y que en la transición a la incorporación de otros alimentos, enseñarles a comer frutas sin necesidad de endulzarlas; jugos con muy poco azúcar; comidas bajas en sal y sus dos o tres porciones diarias de vegetales, de diferentes colores. La mejor enseñanza es el ejemplo y el mejor ejemplo es que los menores nunca nos vean fumando o embriagados o haciendo uso de la violencia o la vulgaridad expresa o tácita.

Con toda esta transformación de hábitos alimentarios, de actividad física, de uso adecuado del tiempo libre y de los entornos adaptados para ello, sumado a las inversiones en la transformación positiva de los entornos y el trabajo responsable, honesto, justo y equitativo de las autoridades pertinentes en otros determinantes de la salud, lograremos controlar la transmisión pandémica de las enfermedades no transmisibles que, de no intervenirla, podría no solo reducir la esperanza de vida al nacer sino quizá diezmar la especie humana, antes que cualquier otra enfermedad infecciosa.

Abogo por la transmisión generacional de estilos de vida saludable y por una cultura que proteja la salud comunitaria desde los diferentes entornos de la dimensión humana. Y complemento con un par de documentales alusivos a la obesidad.





Lecturas recomendadas:
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(83) ¿CONTRIBUYEN LOS DESASTRES CON EL DESARROLLO? / Rodrigo Restrepo G

. 28 de junio de 2012
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Japón post-impacto terremoto y tsunami 2011
(AP - marzo 2011 - Tomada de Eltiempo.com)
Hace seis años me lancé en esta nube virtual como Blogger, aunque no era novato en esto de escribir. Y mi primera publicación en ese entonces hacía referencia a este tema: Desastres y Desarrollo. En él, como en casi todos mis escritos, hago una invitación a la acción frente a la gestión del riesgo de desastres, no sin antes iniciar con la conceptualización respectiva.

En alguno de los diferentes eventos en los cuales he intervenido como oferente, alguien me preguntó: ¿...entonces, se requiere que haya desastres para que haya desarrollo? Obviamente que mi respuesta fue un rotundo NO. Y así como coloqué ejemplos de comunidades donde, después de un desastre, la reconstrucción implicó un serio y responsable proceso de gestión del riesgo, reduciendo las vulnerabilidades existentes antes del evento adverso y mitigando aquellas variables que podrían contribuir a la repetición del mismo, si las condiciones de amenaza se repitiesen, también coloqué ejemplos de comunidades en donde, después del desastre, no hicieron otra cosa que reconstruir las vulnerabilidades. Y ya sabemos lo que ha de suceder cuando la amenaza regrese.

Definitivamente, no se requiere que haya un desastre para apuntar al desarrollo. Lo pertinente es que la planeación de las urbes, de cualquier tamaño (o mejor, de todos los tamaños), contemple todas las variables relacionadas con la gestión del riesgo de desastres de manera integral, apoyando acciones para reducir el impacto del desastre potencial, con preparativos de respuesta, con capacitaciones y expansión del conocimiento frente a los riesgos potenciales; con obras de mitigación y la mejor disposición funcional y organizacional para la administración del post-impacto inmediato y de la recuperación a mediano y largo plazo.

Esto debemos considerarlo ya como un Derecho de la Humanidad: "...a vivir con el menor riesgo posible frente a las amenazas derivadas de las fuerzas de la naturaleza". De esto es que debemos concientizar a nuestros pueblos; a contribuir con la gestión del riesgo de desastres desde sus comunidades; a no dejarse engañar por avivatos que formulan proyectos de vivienda en zonas de riesgo; a exigir la revisión de los estudios previos de factibilidad, donde se identifiquen estos aspectos de seguridad y de respeto ambiental; a orientar con sus saberes la planeación de sus entornos.

Entre tanto, la oportunidad es la de aprender de los aciertos y desaciertos ajenos. La Web nos brinda esta oportunidad de conocer experiencias exitosas e identificar aquellas donde la experiencia vivida no ha sido la mejor. Esta es uno de los componentes de la Gestión del Riesgo de Desastres para reducir la vulnerabilidad: la Gestión del Conocimiento.

Lecturas Recomendadas:

1. Crónicas de Desastres - Terremotos en El Salvador, 2001. Reconstrucción de viviendas a damnificados aplicando la estrategia Vivienda Saludable, OPS/OMS, (ver anexo 7-1: Villa Centenario) disponible
aquí. Consultado en junio 28 de 2012.

2. Ferradas, P.: "Riesgos de Desastres y Desarrollo", Lima, Ed. Soluciones Prácticas-ITGD, 2012, p. 220, Perú: Internet, 28 jun 2012, Diponible en:
http://www.solucionespracticas.org.pe/publicacionessp/descarga.php?id=Nzgz

3. Stephenson, R. "Desastres y Desarrollo", s.l; NU. Programa de Entrenamiento para el Manejo de Desastres, 1991, 47 p., USA: Internet, 28 jun 2012, Disponible en: http://www.crid.or.cr/digitalizacion/pdf/spa/doc3842/doc3842.htm  
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(82) ESTIMACIÓN DEL RIESGO DE MOVIMIENTOS EN MASA EN LADERAS / Rodrigo Restrepo G

. 24 de noviembre de 2011
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Comparto con ustedes, amigos lectores, una publicación reciente (2011, ISBN 978-612-4100-01-7), del Instituto Nacional de Defensa Civil de Perú:


Título: “Manual de estimación del riesgo ante movimientos en masa en laderas”

El documento desarrolla los procedimientos técnicos para la identificación y caracterización del riesgo ante movimientos en masa en laderas. Muestra la metodología y procedimiento para el análisis de la susceptibilidad y vulnerabilidad y presenta también la propuesta de estructura para la elaboración del informe correspondiente.



En relación con este tema, en la sede de Medellín de la Universidad Nacional de Colombia, un grupo de estudiantes de Ingeniería Civil, de la facultad de Minas, expusieron su proyecto de investigación titulado “Monitoreo de taludes en tiempo real con un sistema de fibra óptica basado en redes de Bragg”, mediante el cual se podrán estudiar y medir los movimientos de los taludes en laderas identificadas como de alto riesgo, pudiendo además, a bajo costo, reducir la vulnerabilidad de las comunidades, en la medida en que se podrán lanzar alertas tempranas que habrán de evitar pérdidas de vidas humanas por estos tipos de eventos adversos.

Esperemos que, una vez superada la fase experimental, podamos contar con esta novedosa tecnología, para el beneficio de aquellas comunidades que conviven con el riesgo.

Fuente:

Instituto Nacional de Defensa Civil – INDECI: “Manual de estimación del riesgo ante movimientos en masa en laderas”, Lima; INDECI. Dirección Nacional de Prevención; 2011. 93 páginas, disponible en http://www.crid.or.cr/digitalizacion/pdf/spa/doc18773/doc18773-contenido.pdf, consultado el 24/11/2011.

Universidad Nacional de Colombia sede Medellín: “Fibra óptica para salvar vidas”, 2011, disponible en http://www.minas.medellin.unal.edu.co/index.php?option=com_content&view=article&id=179, consultado el 24/11/2011
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(81) IMPACTO DE LOS PREPARATIVOS ANTE UNA AMENAZA DE EPIDEMIA / Rodrigo Restrepo G

. 22 de octubre de 2011
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Mucho hemos insistido en los beneficios de invertir el paradigma de la asignación y utilización de los recursos en emergencias y desastres, dando la mayor proporción a las acciones en los preparativos, lo cual repercute en una menor necesidad de ejecución en respuesta y mucho menos en recuperación[1]. Este es un aforismo del cual tenemos plena conciencia y evidencia los técnicos dedicados a la salud pública, pero no hemos sabido “venderlo” a los tomadores de decisiones, mucho más dedicados mostrar su gestión en término de recursos invertidos en la atención de la crisis, siendo que podemos diseñar indicadores tales como “los techos que no se destruyeron” “las muertes evitadas” “la disminución de las inundaciones” “la reducción de los deslizamientos”, entre otros, que también pueden ser mostrados como parte de la gestión positiva.

Los brotes y las epidemias también hacen parte del concepto de crisis en salud pública, en el cual se incluyen las emergencias y los desastres, por lo que en su abordaje también se tienen las fases de preparativos, mitigación, respuesta, rehabilitación y reconstrucción, en sus respectivas dimensiones. Es aquí donde tiene su mayor expresión el ejercicio de la epidemiología, como especialidad de la salud pública encargada del estudio del comportamiento natural de las enfermedades con mayor impacto sobre las comunidades y las acciones de prevención, vigilancia y control para evitar o mitigar su impacto.

Así como en desastres se presentan las alertas frente a los eventos de potencial daño sobre las poblaciones (ejemplos: alerta por temporada invernal, alerta de erupción volcánica, alerta de tsunami), en epidemiología también se lanzan alertas frente a situaciones de brotes por enfermedades de interés en salud pública. Las enfermedades priorizadas son monitoreados por el componente de Vigilancia en Salud Pública de los Ministerios de Salud de cada país, quienes realizan monitoreo y análisis de la situación y toman acciones pertinentes para el control de estas enfermedades. A su vez, a través de los Centros Nacionales de Enlace, la información es centralizada por la Organización Panamericana de la Salud y la Organización Mundial de la Salud donde realizan el análisis correspondiente del comportamiento epidemiológico global de estas enfermedades priorizadas y se lanzan las alertas pertinentes para que las autoridades sanitarias realicen las acciones pertinentes, en el marco de las Funciones Esenciales de la Salud Pública.

Una buena experiencia en Colombia fue la realización del Mundial de Fútbol Sub-20, el cual se desarrolló entre el 29 de julio y el 20 de agosto de este año. A finales del 2010, cuando el Comité Intersectorial iniciaba sus preparativos frente al evento, la Representación de la OPS en Colombia promovió la inclusión del sector de la salud en dicho comité, el cual no había sido incluido desde el marco normativo[2], teniendo como sustento la alerta de introducción del sarampión al país y de expansión en la región de las Américas, toda vez que, con ocasión del Mundial de Fútbol de África en 2010, hubo introducción del sarampión en Argentina, Brasil y Guyana por parte de aficionados susceptibles que habían acudido al encuentro mundial en Sudáfrica.

Todas las acciones de preparativos del sector de la salud en Colombia en las ciudades sedes del Mundial permitieron que el caso índice de sarampión que ingresó por Barranquilla, que paradójicamente no fue por causa de ninguna delegación participante o aficionado turista, fue abordado de manera oportuna y apropiada, hasta el punto que el brote fue controlado en corto tiempo y el impacto sobre la salud de población colombiana frente a esta enfermedad inmunoprevenible ha sido altamente positivo: sólo 7 casos confirmados por laboratorio, todos circunscritos al Distrito de Barranquilla, entre el 5 de agosto y el 11 de septiembre, lo cual es un indicador del impacto de las acciones en salud pública desarrolladas, tanto en prevención, durante los preparativos del Mundial de Fútbol Sub-20, como en el control del brote.


En la medida en que se hace lo que hay que hacer y se hace bien desde el principio, los resultados van a ser acordes con lo que se planifica. Esto es fundamental cuando de seguridad sanitaria se trata, en especial con el fortalecimiento de los equipos humanos de los Mecanismos de Detección, Alerta y Respuesta del componente de Vigilancia y Control de la Salud Pública.

Lecturas recomendadas:

1. Restrepo R.: “De los preparativos para desastres”, Blog GiraMundo, enero, 2011, disponible en: http://giramvndo.blogspot.com/2011/01/de-los-preparativos-para-desastres.html, consultado en agosto de 2011.

2. Presidencia de la República: “Decreto 4664 de diciembre de 2010”, Por el cual se crea la Comisión Intersectorial de Seguimiento a la Organización de la Copa Mundial Sub 20 de la FIFA Colombia 2011”, disponible en http://bit.ly/D4664-10, consultado en agosto de 2011.

3. Presidencia de la República, Ministerio del Interior y de Justicia: "Decreto 3888 de octubre 10 de 2007", Por el cual se adopta el Plan Nacional de Emergencia y Contingencia para Eventos de Afluencia Masiva de Público, y se conforma la Comisión Nacional Asesora de Programas Masivos, disponible en:  http://servoaspr.imprenta.gov.co/diariop/diario2.pdf?p_tipo=02&p_numero=3888&p_fecha=10/10/2007&p_consec=1262249. Al respecto, sugiero no omitir ver el Comentario No.1 de este post, en: http://giramvndo.blogspot.com/2011/10/81-impacto-de-los-preparativos-ante-una.html#comments

4. Francesco Checchi, Michelle Gayer, Rebecca Freeman Grais and Edward J. Mills: “Public health in crisis affected populations. A practical guide for decision-makers”, Overseas Development Institute, Network Paper 061, London, 2007, 59 páginas, disponible en http://www.odihpn.org/documents/networkpaper061.pdf (original en Inglés), y en http://www.odihpn.org/documents/networkpaper061_spanish.pdf (original en Español), consultado en agosto de 2011.

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(79) SIMULACIONES Y SIMULACROS PARA REDUCIR LA VULNERABILIDAD INDIVIDUAL / Rodrigo Restrepo G

. 28 de agosto de 2011
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Así como el riesgo tiene sus factores, representados por la amenaza (factor externo del riesgo) y la vulnerabilidad (factor interno del riesgo), esta última también tiene sus tres componentes, explicados ya en un post anterior, pero que fundamentalmente son: el conocimiento, la acción y la emoción. Una de las mejores estrategias para conectar el conocimiento con la acción consiste en la participación en ejercicios de simulación y de simulacros, que son totalmente diferentes.

Los ejercicios de simulación son actividades que se realizan “a puerta cerrada”; es decir, alrededor de un escritorio o de una mesa, o en un salón amplio en donde se puedan dividir ambientes hipotéticos. Este ejercicio gira fundamentalmente en torno al manejo de información para la toma de decisiones, el adiestramiento y la evaluación que se realizan mediante una situación hipotética. Aquí intervienen los actores reales cotidianos de la institucionalidad, aunque con relativa frecuencia, dichos actores asumen roles diferentes a sus competencias. El objetivo final del ejercicio de simulación determinará si los roles de los actores deberán ser los propios de sus funciones o si asumen roles diferentes.

Los ejercicios de simulacro corresponden a la ejecución de las actividades de acuerdo con lo dispuesto en los Planes de Respuesta frente a situaciones de emergencias o desastres. Se realizan en los escenarios reales específicos y con las afectaciones basadas en las condiciones reales de amenaza, vulnerabilidad y riesgo de un área específica. Implican la movilización física de recursos tecnológicos, humanos y materiales, con personajes y tiempos reales, orientados por un guión previamente diseñado. Permiten evaluar aspectos, administrativos, operacionales, logísticos y funcionales del sistema a prueba y de los participantes en el ejercicio.

Los resultados de cualquiera de los dos ejercicios deben recopilarse en un informe final y, necesariamente y sin excepción, deben conducir a una evaluación y a la actualización de los planes, protocolos y procedimientos.

Frente a la opción de elegir el tipo de ejercicio, se prefiere iniciar por la simulación, pues su costo es menor y, en el marco de un proceso de fortalecimiento del componente de respuesta frente a emergencias y desastres, es preferible iniciar por lo práctico: manejo de información, toma de decisiones y juego de roles. Cuando el proceso de fortalecimiento presente mayor madurez, se podrá pasar a los simulacros, iniciando por procesos sencillos (de evacuación, por ejemplo) y progresivamente se incrementan nuevas metas y retos.

Los simulacros inicialmente deben ser informados, pues la idea no es desestimular el proceso de fortalecimiento sino, por el contrario, estimular al logro de mayores objetivos. Cuando la madurez del componente de respuesta ante situaciones de crisis por emergencias o desastres es mayor, se podrá proceder a la programación y ejecución de simulacros sin aviso previo.

En todo caso, estos ejercicios no pueden estar orientados por la improvisación. En cualquiera de ellos, así se trate del más simple, debe ser precedido de un proceso de formación, de revisión de protocolos y de procedimientos y de la planificación adecuada de los objetivos y de los resultados esperados, a fin de que se logre el objetivo de aconductuar el conocimiento, se mejoren las habilidades y los tiempos y, finalmente, se tomen estos procesos con la seriedad y la responsabilidad apropiados para, realmente, conducir a la reducción de la vulnerabilidad individual. Para ello debemos apoyarnos en quienes tienen la capacidad técnica, pedagógica y comunicacional que son prenda de garantía de éxito.

En los próximos días se llevará a cabo el tercer simulacro distrital de evacuación de Bogotá y el primer simulacro de evacuación nacional. El 5 de octubre, a las 11 de la mañana en Colombia, participaremos en esta iniciativa de la Dirección de Gestión del Riesgo. Es la oportunidad para que en nuestros lugares de trabajo se vincule al Comité de Emergencias en la organización del respectivo Plan de Evacuación, con todas las variables pertinentes para su inmediata evaluación y la formulación de los ajustes necesarios para que en una próxima situación similar, sea hipotética o real, los tiempos, procedimientos de evacuación y retorno a la normalidad muestren una mejora sustancial.

La modificación de las amenazas, como factor externo del riesgo, tiene su grado de dificultad; pero la reducción de la vulnerabilidad es mucho más fácil en la medida en sabemos lo que hay que hacer y realmente hacemos lo que sabemos que hay que hacer. Prepararnos es nuestra responsabilidad.


Lecturas recomendadas:
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(78) EQUIPOS DE RESPUESTA INMEDIATA ANTE EMERGENCIAS DE SALUD PÚBLICA Y DESASTRES / Rodrigo Restrepo G

. 31 de julio de 2011
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Los primeros documentos conocidos que esbozan un proceso de respuesta o apoyo a la respuesta del sector de la salud frente a una situación de emergencia datan del año 1755, cuando el Rey Jorge II de Inglaterra solicitó al Parlamento la conformación y envío de un equipo humano especializado para responder ante un terremoto sucedido en Lisboa. No obstante, la imagen más clara que tenemos de equipos de respuesta inmediata las vemos en los organismos de socorro, quienes, ante una situación adversa, acuden en virtud de sus mandatos, vale decir, el movimiento internacional de la Cruz Roja, los Cuerpos de Bomberos, las Organizaciones de Defensa Civil o Protección Civil, entre otros.

Hay otras clases de equipos de apoyo a la respuesta, de tipo operativos, como lo son las Unidades de Intervención de Urgencia (ERU, por sus siglas en inglés) de la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, cuyo mandato está más relacionado con la intervención operativa cuando los servicios locales son incapaces de hacer frente a la situación de emergencia y cuando la delegación de la Federación o la Sociedad de la Cruz Roja o la Media Luna Roja del país afectado no pueden responder por sí mismas.

Como vemos, existen diversos tipos de Equipos de Respuesta Inmediata, según los sectores, que van a reforzar el accionar operativo o administrativo o de coordinación o mixto frente a una emergencia o desastre. Es así como tenemos Equipos de Respuesta Inmediata del subsector eléctrico, del subsector de viviendas, de subsector de servicios públicos, entre otros, quienes apoyan las acciones de respuesta frente a emergencias o desastres, según sus mandatos.

En el sector de la salud hay un par de situaciones que tienen un impacto directo sobre la salud de las comunidades: las emergencias epidemiológicas, responsables de brotes y epidemias, y los desastres, responsables del aumento inusitado de muertes y lesiones personales, pero según el tipo de evento y las condiciones sanitarias preexistentes a dicho evento, repercuten también sobre el comportamiento de ciertas enfermedades, tanto las infecciosas, las no infecciosas, como las de tipo social.

Para ambos tipos de situaciones siempre es pertinente que las autoridades sanitarias del nivel territorial intermedio y del nivel nacional se encuentren preparadas y organizadas para brindar el apoyo al nivel territorial local más próximo al lugar del evento adverso, el cual podrá requerirlo, según el tipo y la magnitud del evento adverso.

Este apoyo será orientado según la situación: Si se trata de una emergencia en salud pública, el Equipo de Respuesta Inmediata tendrá la función de apoyar la respuesta local, desde la investigación de campo, pasando por los apoyos relacionados con medios de cultivo, recolección de muestras, materiales, métodos, análisis de la situación (unidad de análisis), y todo lo relacionado con la vigilancia y el control epidemiológico.

Para el caso de un desastre, el Equipo de Respuesta Inmediata del nivel intermedio o nacional tendrá la función primordial de realizar una Evaluación de Daños y Análisis de Necesidades para el sector de la salud, en especial en lo relacionado con la capacidad de respuesta para la atención hospitalaria y prehospitalaria de víctimas y afectados; lo relacionado con el saneamiento básico y la garantía de la potabilidad del agua de consumo y de la inocuidad de los alimentos; así como de la vigilancia epidemiológica frente a los riesgos potenciados por los cambios que la emergencia o el desastre haya dejado en la habitabilidad o el medio ambiente. Adicionalmente, el Equipo de Respuesta Inmediata podrá brindar la asistencia técnica para la puesta en marcha de las diferentes estrategias de promoción de la salud y de prevención de las enfermedades, necesarias para apoyar el control epidemiológico en la zona afectada.

Para cualquiera de las dos situaciones, el Equipo de Respuesta Inmediata del nivel intermedio o del nacional no sólo interviene para concurrir con asistencia técnica para el mejoramiento de las capacidades locales, sino que, eventualmente, incluirá acciones operativas si la capacidad de respuesta del nivel local más cercano al sitio del evento es insuficiente. No obstante lo anterior, deberá primar la responsabilidad local y el fortalecimiento de sus capacidades para responder a la situación crítica, por lo cual la autoridad sanitaria del nivel intermedio o el nacional evitarán asumir acciones que son competencia de los niveles locales.

El éxito de las acciones que desarrolle el Equipo de Respuesta Inmediata ante situaciones de brotes, epidemias o desastres va a depender de la organización anticipada, con protocolos previamente concertados y validados, con instrumentos útiles para la recolección de información y con los medios e instrumentos logísticos necesarios y pertinentes para el desarrollo de sus labores. La clave está en los preparativos y la voluntad política para la adopción y adaptación de esta estrategia útil y eficaz para el fortalecimiento de la respuesta local frente a eventos adversos para la salud de las comunidades.

Y finalizado el acmé de la respuesta, no se debe omitir la evaluación de las acciones realizadas, no sólo para identificar las lecciones aprendidas y los aspectos por mejorar, sino para transferir esos aprendizajes a los niveles subnacionales o subterritoriales, en procura de su fortalecimiento.

Lecturas recomendadas:

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Equipos de Respuesta Inmediata en Salud ante Desastres
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(77) EVALUACION Y PREPARATIVOS EN EL POS-DESASTRE / Rodrigo Restrepo G

. 30 de junio de 2011
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Funcionarios del Instituto Departamental de Salud de Nariño (Pasto - Colombia) en proceso de Evaluación del Desempeño de las Funciones Esenciales de la Salud Pública 1, 2 y 11 (Foto: Rodrigo Restrepo G. - 2011)

La experiencia obtenida en el conocimiento en terreno de la Gestión de Riesgos frente a desastres me ha permitido colegir que las acciones a desarrollar con posterioridad a los desastres o a las emergencias epidemiológicas se orientan en dos sentidos: el primero de ellos corresponde a las acciones dirigidas a la atención inmediata de los efectos del evento adverso. El otro sentido de las acciones corresponde a aquellas relacionadas con la evaluación integral del manejo dado al pos-desastre, a la pertinencia y efectividad de las medidas de mitigación y preparativos implementados antes del desastre, y a los correctivos y nuevos procesos de preparativos y mitigación a implementar, de acuerdo con los resultados de dicha evaluación.

Esto está claramente definido en el sector de la salud. Las acciones inmediatas corresponden a la atención integral de enfermos, víctimas, heridos y damnificados, no sólo en sus consecuencias físicas sino en sus efectos sobre la salud mental y psicosocial. Para brindar esta atención inicial en el pos-impacto inmediato se requiere que las instituciones prestadoras de los servicios de salud no sólo hayan resistido la magnitud del evento adverso sino que, una vez superado el impacto inicial, estén en capacidad de trabajar a su máxima capacidad, de manera organizada para la atención masiva de afectados, y con la autonomía suficiente para continuar con este ritmo, aunque alrededor tengan carencias en líneas vitales.

Otra de las acciones a implementar por el sector de la salud corresponde a la vigilancia del comportamiento de las enfermedades, toda vez que los efectos del desastre pueden haber afectado el entorno ambiental o el comportamiento de los afectados por los cambios en su habitabilidad y la necesidad de ubicarse en alojamientos temporales o en otros ambientes diferentes a su hogar, lo cual implica una especial vigilancia de la salud pública y el reforzamiento de las medidas de promoción de la salud y de prevención de la enfermedad. En este cometido se deberá evaluar la pertinencia de la intensificación de programas especiales, tales como los de control de enfermedades crónicas o no infecciosas, el programa de inmunizaciones, entre otros.

La tercera categoría de acciones inmediatas del sector de la salud se dirigen al saneamiento ambiental básico, en especial en lo relacionado con la garantía de la calidad del agua y de los alimentos de consumo, la adecuada disposición de los desechos sólidos, de las aguas grises y de las excretas; el control de vectores y otros tipos de medidas encaminadas a evitar los diferentes tipos de enfermedades zoonóticas (transmitidas de los animales al ser humano).
Superada la contingencia y la temporalidad producida por el desastre, le corresponde al sector de la salud realizar la evaluación de todas las acciones desarrolladas, incluso de aquellas que se pudieron haber implementado antes del desastre, e identificar las acciones por mejorar y las estrategias a emplear, dando así el cierre del ciclo de los desastres, reiniciando el período del pre-desastre (próximo), con los preparativos pertinentes, debidamente ajustados con base en la experiencia sufrida.

Se deberá evaluar todo lo relacionado con la recolección de información, lo cual es vital para la toma de decisiones. Evaluar también los procesos de coordinación a la luz de los planes de contingencia; la respuesta institucional en los  prestadores de servicios de salud, la forma como respondieron desde lo estructural, lo no estructural y lo funcional, y la eficacia de sus planes hospitalarios para emergencias y el respectivo plan de contingencia. Evaluar las acciones encaminadas al fortalecimiento de la vigilancia en salud pública y su impacto sobre la morbilidad y la mortalidad. Y finalmente, evaluar el desempeño de los aspectos relacionados con los programas especiales dirigidos a las poblaciones más vulnerables, que generalmente son objeto de protección especial por parte de los Estados, tales como los menores de edad, los discapacitados, los adultos mayores, entre otros, en quienes siempre debe tenerse el enfoque diferencial pertinente para hacer efectiva dicha protección.

La integralidad de la Gestión del Riesgo frente a Desastres es así de simple. Omitir la realización de estos procesos de evaluación trae como consecuencia la "rehabilitación" y "reconstrucción" de vulnerabilidades, cuyo impacto final será el caos en el siguiente desastre.

Lecturas recomendadas:

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