(12) EL DESPLAZAMIENTO FORZADO POR LA VIOLENCIA, MAS QUE UN DESASTRE ANTROPICO, ES UN ACTO INHUMANO / Rodrigo Restrepo G

. 23 de enero de 2007
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Colombia ostenta un deshonroso lugar en los primeros puestos del ranking mundial de países cuyo conflicto interno se caracteriza por diversas estrategias y tácticas por parte de los diferentes bandos, que atentan contra los mínimos principios de humanidad, dando lugar a flagrantes violaciones a los Derechos Humanos e infracciones al Derecho Internacional Humanitario. Es el único país de Latinoamérica con siembra de minas terrestres, además del uso de otros tipos de artefactos explosivos, desde bicicletas, vehículos hasta viviendas-trampa.

Lo anterior, sumado al control territorial, al señalamiento de poblaciones como simpatizantes del enemigo, las amenazas, los combates cercanos o inminentes dentro del territorio de las poblaciones y los asesinatos y ejecuciones sumarias, han generado el desplazamiento de la población, ya en forma individual, de pocas familias o de grandes conglomerados, quienes llegan a las urbes a ubicarse donde pueden, generalmente en zonas de riesgo, donde el entorno adverso por las precarias condiciones sanitarias y de acceso a los servicios básicos contribuye de manera importante en el agravamiento de su situación de desarraigo. Toda esta compleja sumatoria de factores incide necesariamente en la salud de quienes no tienen más opción que la de salvar sus vidas mediante la huida.

El Representante del Secretario General de Naciones Unidas sobre Personas Internamente Desplazadas, Francis Deng, presentó a la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en 1998, un conjunto de 30 artículos denominados Los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos, los cuales dan las orientaciones a los legisladores de los países para la formulación de sus normas y el acatamiento para el manejo de la problemática y la búsqueda de soluciones, tratando de manera digna a las personas que son víctimas del desplazamiento.

En Colombia, el 18 de julio del 2007, se cumplen 10 años de la formulación de la Ley Marco para la Atención Integral de la Población en Situación de Desplazamiento Forzado por la Violencia Interna del país. Este marco normativo adopta sustancialmente los Principios Rectores de los Desplazamientos Internos y, en su reglamentación, se incorporan los procesos que habrían de darle atención digna a la población desplazada.

No obstante lo anterior, existe una particular “distancia” entre la sanción de la Ley y su implementación en las regiones y municipios, por parte de las autoridades de un país como Colombia, donde los territorios cuentan con la autonomía de la descentralización política y administrativa.

La Constitución Política de Colombia permite a sus ciudadanos el recurso de la Tutela, cuando alguno de sus derechos fundamentales sea vulnerado de manera sistemática. En virtud de ello, fue tutelado por la población desplazada el incumplimiento de las normas establecidas para la atención integral. La Corte Constitucional les dio la razón y, mediante Sentencia ordenó darle un vuelco al estado de cosas inconstitucionales que no estaban al orden con la atención y restablecimiento de los desplazados.

A pesar de ello, el acatamiento a la Sentencia Constitucional no se refleja en el mejoramiento de las condiciones de vida y de salud de esta población. Se hacen cosas, pero las actividades no se formulan con base en indicadores de impacto y, por lo tanto, no hay realmente impacto en el mejoramiento de la atención y de las condiciones de vida de los desplazados.

Mientras no se llegue a un momento en el cual todos los implicados en la guerra interna en Colombia se encuentren comprometidos en procesos de paz, será utópico pensar que el desplazamiento forzado por la violencia se termine. Mientras no se llegue a obtener una voluntad política por parte de las autoridades territoriales en la implementación de procesos de atención integral a los desplazados, formulados y basados en la Ley y en la Sentencia Constitucional, planteados con indicadores de procesos y de impacto, será utópico pensar en el mejoramiento y la restitución de estas personas.

Más que un evento adverso de tipo antrópico, el desplazamiento forzado por la violencia es un acto inhumano, cometido no sólo por quienes provocan el desplazamiento, sino también sostenido por quienes tienen el mandato de atender, mejorar y restituir la vida de las víctimas y no lo hacen de la manera más adecuada.

Pero la deuda social no es sólo de las autoridades que por diversas circunstancias no cumplen con su deber. La sociedad, representada por la población receptora, por la comunidad internacional, por los países donantes y por las agencias y organizaciones no gubernamentales que responden en beneficio de los afectados, todos estamos en la obligación de intervenir, de identificar logros, brechas y necesidades, de influir en la toma de decisiones y de mostrar de igual manera el impacto de nuestras acciones.


Bibliografía:
1. Noji, Eric K., ed.: Impacto de los Desastres en la Salud Pública, Bogotá, Colombia, Organización Panamericana de la Salud, 2000, Cap 20 (Michael Toole), pp. 425 y siguientes. Disponible en http://www.paho.org/Spanish/DD/PED/impacto.htm


2. Deng, Francis: Principios Rectores de los Desplazamientos Internos, disponible en: http://www.unhchr.ch/spanish/html/menu2/7/b/principles_sp.htm



4. Sentencia T-025 de 2004, disponible en:http://www.acnur.org/biblioteca/pdf/2501.pdf

(11) VIDEO SOBRE CADAVERES EN DESASTRES / Rodrigo Restrepo G

. 14 de diciembre de 2006
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Observe un fragmento de 4 minutos del Video "Mitos y Realidades de los Desastres Naturales". Es un documento de la Organización Panamericana de la Salud de casi 30 minutos que identifica varios de los Mitos que existen sobre el tema de los Desastres Naturales. Incluye esta parte que he editado y que trata sobre los cadáveres y el mito de las epidemias. Es un complemento al tema anterior publicado en noviembre 29 de 2006 sobre el manejo de cadáveres en desastres

(10) EL MANEJO DE LOS CADAVERES DE LOS DESASTRES / Rodrigo Restrepo G

. 29 de noviembre de 2006
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Fueron muchas las imágenes que pudimos observar a través de los noticieros de televisión, y muchas más las que se pudieron apreciar a través de las páginas de Internet, sobre la tragedia de finales del 2004 con ocasión del tsunami en Asia Meridional. Se estimó en 250.000 el número de fatalidades y otro tanto importante de desaparecidos. Sin embargo, llamó la atención el curso de los acontecimientos que tuvieron lugar después del desastre en relación con los cadáveres. Muchos recibieron sepultura de manera masiva, en fosas comunes o cremación, sin alcanzar a ser reconocidos por sus familiares.

¿Qué llevó a las autoridades a tomar esta decisión de realizar inhumación masiva? La respuesta es una: los mitos. Este es uno de los tantos mitos que persiste en el arraigo popular acerca de lo que sucede después de un desastre. Se piensa que inevitablemente vendrán epidemias y se reclaman vacunaciones masivas que resultan en pérdida de recursos e incluso en la inhabilitación de quienes la reciben, pues el malestar, fiebre o invalidez transitoria después de la vacunación les impide contribuir a procesos de solidaridad con los demás damnificados.

Ni se presentan inevitablemente epidemias después de un desastre ni los cadáveres, así sean muchos, van a precipitar tales epidemias. La presencia de enfermedades infecciosas con posterioridad a los desastres va a depender de las condiciones ambientales, de saneamiento básico y de hacinamiento en que se encuentre la población afectada, los sobrevivientes y nó los muertos. Quiere decir que depende de las acciones que las autoridades sanitarias emprendan para evitar la aparición de brotes por descuido de las medidas mínimas de higiene y control sobre el agua y la disposición final de excretas, basuras y aguas grises; por el descuido de las medidas mínimas de higiene y control sobre el medio ambiente, sobre la manipulación de alimentos, sobre los cambios de hábitos de una comunidad afectada por un desastre.

No sólo no hay evidencia seria de una relación directa entre gran número de cadáveres y epidemias sino que existen estudios científicos que demuestran el mínimo riesgo que puede tener el personal involucrado en el manejo de los cadáveres, tales como voluntarios, socorristas o personal militar, en especial ante microorganismos causales de hepatitis B y C, VIH y tuberculosis, entre otros, lo cual se contrarresta con buenas prácticas de higiene y entrenamiento del personal en la conservación de medidas de bioseguridad.

Para la comunidad, existirá un sentimiento de pesar y podrá afectar grandemente su moral el ver y sentir (oler) muchos muertos en los alrededores, pero le compete a las autoridades tranquilizarlos en relación con el mito de las epidemias y garantizarles la voluntad de esperar los procesos de identificación y disposición final según sus costumbres.

En resumen, el manejo de los cadáveres a consecuencia de un desastre debe conservar aspectos básicos innegociables: el respeto al duelo y las costumbres religiosas ante la muerte de familiares o amigos; el trato digno y disposición final adecuada del cadáver de acuerdo con esas costumbres, en contra de los entierros o cremaciones masivas; y el derecho de los deudos a que se practiquen los procedimientos legales pertinentes para la declaración de la muerte del familiar, de la cual se podrán desprender procesos de sucesión o de cobro de seguros de vida, entre otros. Consecuentemente, se desmitificará la relación entre cadáveres y epidemias y se promocionarán los procesos de búsqueda e identificación con el uso de los medios tecnológicos apropiados.

En preparativos, este tema casi ni se piensa. En aquellas ciudades en donde el nivel de desarrollo les ha permitido ir a la vanguardia de los preparativos para casos de desastres, este es el paso a seguir. Si bien ya existe una trayectoria en el manejo de heridos en masa y la capacidad de respuesta ante emergencias y desastres está bien monitoreada, creo que este es el siguiente paso: prepararse para la gestión de gran número de cadáveres.

Habrá que identificar sitios de almacenamiento; definir los insumos necesarios para su conservación. Identificar vehículos para su traslado, donde la empresa privada podría ser de gran apoyo. Definir los procesos y procedimientos para que los vehículos utilizados no sean posteriormente señalados y rechazados sus productos porque en el pasado sirvieron para el transporte de cadáveres. Éstas, entre otras variables, harán parte de los preparativos de las autoridades regionales y locales responsables de la prevención y atención de desastres para el manejo apropiado de los cadáveres de los desastres.

La participación comunitaria en los preparativos es el mejor mecanismo para contribuir al derrumbe de los mitos de los desastres. El tema de la gestión de los cadáveres con posterioridad a los desastres deberá incluirse en los contenidos de las capacitaciones que se brindan a los comités barriales o comunitarios de prevención y atención de desastres.

Fuentes:

(09) LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO Y LA GESTIÓN DE RIESGOS / Rodrigo Restrepo G

. 8 de octubre de 2006
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Cuando se estaba preparando el documento final de los Objetivos de Desarrollo Internacional para la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas, celebrada en el 2000 en Nueva York, el editorial de uno de los documentos preliminares citaba que era posible lograr las metas trazadas y colocaba el ejemplo de China, que redujo el número de personas que vivían en la pobreza, de 360 millones en 1990, a 210 millones en 1998. En ese mismo editorial se identificaron los supuestos que podrían entorpecer el logro de las metas, mencionando entre otros, además de los gobiernos débiles, con políticas inadecuadas, con violaciones de los derechos humanos; a los conflictos internos, los desastres naturales y otras perturbaciones externas.

Vislumbrar los efectos de los desastres como una variable que puede truncar el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, es un supuesto que de alguna manera justificaría a algunas naciones lo mucho o poco que han podido haber trabajado en el logro de estos objetivos, ya en los seis años transcurridos o en los nueve que quedan por correr, puesto que las metas, casi en su totalidad, están fijadas para el 2015. Mi propuesta es la de identificar cómo, con el logro de los ODM, las naciones se verán beneficiadas con acciones que se traducirán en reducción de vulnerabilidades, pues de manera directa o indirecta estarán realizando gestión de los riesgos ante diversos tipos de amenazas.

Esta es una aproximación en el análisis del impacto sobre la prevención de los desastres con el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio -ODM:

1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre

  • Es casi una constante que los desastres ocasionados por los eventos adversos de la naturaleza golpean en mayor proporción a la población más vulnerable, caracterizada por el denominador común de la pobreza.
  • Además de la vulnerabilidad social, la pobreza acrecienta las demás variables de la vulnerabilidad global, tales como las malas condiciones sanitarias de los asentamientos humanos subnormales, el tipo de construcción y la concentración demográfica en zonas con poco acceso a servicios básicos, generalmente ubicadas sobre terreno de ladera, poco estable.
  • En otras ocasiones, el desarrollo desigual prevalente es generador de pobreza y marginalidad, que son factores determinantes de vulnerabilidad, tanto frente a los desastres de origen natural como a los provocados por el hombre. Se configura entonces un círculo vicioso
  • Reducir y alcanzar a erradicar la pobreza para el año 2015, potenciado con el logro del resto de los ODM, producirá un impacto importante en la reducción de los efectos de los eventos adversos sobre esta población altamente vulnerable.

2. Lograr la enseñanza primaria universal

  • La Educación es una de las herramientas útiles para reducir la vulnerabilidad individual y colectiva. Tan importante es que se ha demostrado que quienes sobreviven a los eventos adversos no son siempre los más fuertes sino quienes han tenido la oportunidad de educarse y prepararse.
  • En la medida en que todos los niños tengan acceso a la educación podrán tener acceso a mensajes comunicativos útiles para mitigar los efectos de los desastres, reduciendo de esta manera su vulnerabilidad.
  • Para potenciar el impacto de este logro en la prevención de desastres, será necesario la implementación de programas regulares de preparativos y reducción de la vulnerabilidad en las escuelas de enseñanza básica primaria, acompañadas de simulaciones, simulacros y actualización de los planes de contingencia escolares.

3. Promover la igualdad entre los géneros y la autonomía de la mujer

  • Cada vez es más importante la participación de la mujer en las actividades cotidianas que regularmente son de dominancia masculina. Y muchas de estas tareas resultan ser más eficientes y seguras cuando las realizan las mujeres.
  • El empoderamiento de las mujeres en la identificación de sus riesgos individuales y colectivos y la participación en las decisiones de intervención para la mitigación y la reducción de la vulnerabilidad serán muy apreciados y lograrán mayor aceptación a la hora de generar la participación comunitaria.

4. Reducir la mortalidad infantil

  • La mortalidad infantil es uno de los eventos de interés en Salud Pública que expresa de mejor manera la sensibilidad social de las autoridades sanitarias por su población y su futuro. Reducir la mortalidad infantil es, en sí mismo, reducir la manifestación social de un desastre antrópico silencioso.

5. Mejorar la salud materna

  • Mejorar la salud de las mujeres, en especial aquellas que se encuentran en estado de gravidez, es permitir su participación en el desarrollo de una Nación. Ya hemos defendido el rol de la mujer para impactar los ODM 1 al 3, lo cual sustenta por sí mismo que el mejoramiento de la salud materna contribuye a la prevención de desastres.

6. Combatir el VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades

  • El incremento poblacional de personas viviendo con VIH se ha considerado como la pandemia de fin de siglo XX, lo cual es un desastre en Salud Pública.
  • Está bien documentada la evidencia de que las familias más afectadas por el VIH se caracterizan por su bajo nivel socioeconómico, dentro de los cuales sobresalen los usuarios de drogas ilegales, los inmigrantes y los refugiados/desplazados.
  • Otra evidencia documentada es que, en situaciones de grandes concentraciones de población, tales como los refugios de víctimas de desastres o de desplazamientos masivos, se incrementan los abusos de tipo sexual, lo cual genera serios problemas de salud pública y salud mental, tales como enfermedades de transmisión sexual, embarazos no deseados y traumas por violaciones.

7. Garantizar la sostenibilidad del medio ambiente

  • La urbanización improvisada y el deterioro medioambiental han contribuido grandemente a la vulnerabilidad de la población a las consecuencias de los eventos adversos, en especial en la población sumida en la pobreza.
  • Se dice que hoy día en el mundo, el número de “refugiados medioambientales” se iguala a la cifra de refugiados por todas las demás causas juntas (promedio de 19 millones al año), lo cual pone de relieve la magnitud de las consecuencias del deterioro ambiental sobre los desastres.

8. Fomentar una asociación mundial para el desarrollo

  • Con todo lo anterior, una de las principales estrategias para fomentar el desarrollo es la de consolidar los recursos necesarios para afrontar estos problemas. Los presupuestos de las organizaciones internacionales encargadas de proporcionar auxilio y acometer la reconstrucción tras las catástrofes no ha estado a la par del incremento de los eventos adversos.
  • Los presupuestos del crédito internacional son cada vez más bajos y sus intereses, cada vez mayores. Esta razón hay que invertirla y apuntar al desarrollo integral y sostenible de la humanidad en un compromiso internacional de supervivencia de la especie.
    De igual manera, la Cooperación Técnica Internacional debe apuntar al fortalecimiento y crecimiento de sus presupuestos de manera proporcional a las necesidades de intervención y ajustar su accionar en la integralidad de las acciones para lograr el impacto anhelado.

Fuentes:

  1. Un Mundo Mejor para Todos: FMI, BM, NU, junio de 2000.
  2. Preparativos para desastres y mitigación de sus efectos – Informe Anual del Director, OPS, 1998, pp. 81–89.
  3. Moisés Naím: El Déficit Asesino, Periódico El País de Madrid, enero 28 de 2006, en: http://www.elpais.es/articulo/elpepiopi/20060128elpepiopi_6/Tes/El%20d%E9ficit%20asesino
  4. What is the impact of HIV on families? - WHO Regional Office for Europe’s Health Evidence Network (HEN), December, 2005, en: http://www.euro.who.int/Document/E87762.pdf
  5. Health and Millennium Development Goals, OMS, Ago 2005, en www.who.int/mdg
  6. Base de datos de indicadores de los objetivos de desarrollo del Milenio; Naciones Unidas, 2005, en: http://millenniumindicators.un.org/unsd/mispa/mi_goals.aspx?

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(08) LOGISTICA DE LA AYUDA HUMANITARIA / Rodrigo Restrepo G

. 30 de agosto de 2006
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“Bienvenido al Planeta Tierra, tercer planeta de la Sistema Solar,
donde sus seres superiores, como tú, dicen llamarse humanos,
pero muchos de ellos no entienden el significado de esa palabra
o la condición de llamarse Ser Humano…”
Rodrigo Restrepo G *

Muchos de los eventos adversos pueden llegar a ser de tal magnitud que, por superar la capacidad de respuesta de sus efectos por parte de de los organismos locales, se constituyen en Desastre, donde la prioridad está enfocada en la atención de las personas que han sido víctimas, directas o indirectas, de dicho evento.

Se han definido las diferentes categorías de la ayuda que se requiere para la atención de los damnificados y los organismos de socorro han consensuado no sólo su identificación sino las normas mínimas de la respuesta humanitaria que se debe brindar ante estas situaciones adversas, con lo que se busca incrementar la eficacia de la asistencia humanitaria para aliviar, de la manera más digna posible, el sufrimiento humano causado por las calamidades o los conflictos.

Superadas las diversas discusiones durante más de dos años de intercambios, se definieron entonces las cinco categorías de la ayuda humanitaria: Abastecimiento de Agua y Saneamiento, Alimentación, Nutrición, Refugio y Salud. En éstas se integran todas las subcategorías que involucran las diferentes ayudas que se requieren para la atención de víctimas y damnificados.

Cada una de estas categorías requiere de una organización lógica para su atención, pero además debe estar integrada, en el espacio del Centro de Operaciones de Emergencia, lo que implica coordinación e interinstitucionalidad. En cada categoría, se debe iniciar por la evaluación y análisis de necesidades, y se debe tener la necesaria capacidad técnica y organizacional para la adquisición, recepción, transporte, almacenamiento y distribución de las ayudas, para que éstas lleguen a los beneficiarios de manera segura, oportuna, eficaz, eficiente y equitativa.

Esta parte logística de la ayuda humanitaria muchas veces no tiene la relevancia requerida por parte de las autoridades a quienes les compete la respuesta en casos de desastre. Ya sea por acción o por omisión, se deja al libre accionar por parte de los operadores de la emergencia y, la mayoría de las veces, termina constituyéndose en el “desastre” después del desastre. Muchos creen que esto es muy fácil de organizar inmediatamente después de la fase impacto, pero la experiencia ha demostrado lo contrario en muchos casos.

Es por ello que, desde la fase de preparativos se debe tener en cuenta esta variable y se deben incorporar, como parte fundamental, los diferentes aspectos logísticos de la ayuda humanitaria, teniendo en cuenta los alcances de los riesgos existentes según los análisis previos, y la incorporación de todos los actores organizacionales que pueden y deben participar en el proceso. En esto existen algunas experiencias exitosas, donde se han colocado en práctica la complementariedad y subsidiariedad, conformándose equipos de respuesta logística, identificándose los sitios que podrán ser bodegas principales, los puntos de ingreso de las ayudas, la organización de la logística y los sistemas de control y monitoreo. Incluso, el proceso hace parte de las simulaciones y simulacros de respuesta de los organismos de socorro.

Precisamente, para el control, monitoreo y transparencia del manejo de la ayuda humanitaria, hoy día se cuenta con un sistema de información desarrollado con el trabajo conjunto de varias organizaciones no gubernamentales y expertos de organismos oficiales. La iniciativa parte de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), sumándose el aporte técnico de otras cinco agencias del Sistema de Naciones Unidas: UNICEF, PMA, OCHA, ACNUR y OMS. El apoyo financiero fue brindado por agencias internacionales de Suecia (ASDI), el Reino Unido (DFID), los Estados Unidos (OFDA/AID), Canadá (CIDA), el Gobierno de Holanda y la Unión Europea (ECHO).

Esta herramienta, conocida como Sistema de Apoyo Logístico o LSS, por sus siglas en inglés, (Logistics Support System), es la versión avanzada del SUMA (Supply Management System), y ha sido ya usada en desastres en Pakistán, Guatemala, Surinam, El Salvador y Colombia. Tiene todas las ventajas de un programa de libre distribución, obtenible fácilmente a través de la Web, actualizable y se puede recibir entrenamiento a través de solicitud a la Representación de la OPS o solicitándolo vía Web.

Fuentes:


  1. Carta Humanitaria y Normas Mínimas de Respuesta Humanitaria en Casos de Desastre, disponible en http://www.sphereproject.org/
  2. Logística y Gestión de Suministros Humanitarios en el Sector Salud, disponible en http://www.paho.org/spanish/dd/PED/suministros.htm
  3. Logistics Support System, disponible en http://www.lssweb.net/

* Parte de una frase que durante mi práctica médica solía decirle a los recién nacidos, una vez los recibía en la Sala de Partos o el Quirófano

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(07) PLANETA ENFERMO / Rodrigo Restrepo G

. 31 de julio de 2006
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Ya había hecho referencia al título de este ensayo en uno anterior. Cada vez se hace más evidente esta afirmación. Pero, como médico que soy, hago la comparación con cualquier patología y me pregunto por la causa de dicha enfermedad y la probabilidad de cortar el círculo vicioso, si lo hubiere.

Un principio matemático, que se aplica en casi todas las ciencias, es el de “…hallada la causa, mitad del problema resuelto…” Es por ello que si se tiene un error de diagnóstico, no vamos a escoger la mejor alternativa de solución.

Otro principio a mencionar es el de la “…acción y reacción…”, el cual obedece a las leyes de la física y de la inercia: “…toda acción tiene su reacción…”. Este principio es el que nos permite también concluir que, si actuamos con agresión, de seguro el efecto o respuesta, en aras del equilibrio, será también agresión; y si se corta el círculo vicioso que está generando una enfermedad, se puede regresar al estado de salud previo a dicha enfermedad.

Los pueblos indígenas permanentemente nos dan lecciones de sabiduría cuando mencionan a la naturaleza como a la “madre tierra”. En algunos de ellos, cuando van a realizar una acción que pueda interpretarse como una agresión a la madre tierra, se toman el trabajo de pedirle permiso para ello, en aras de la subsistencia, y de retribuir o compensar el daño hecho. Si cortan una rama para fabricar una flecha, le piden permiso a la madre tierra y, en reparación, siembran un árbol.

Todo lo anterior como preámbulo para comentar la noticia internacional de la semana relacionada con “El desastre climático del mundo” (El Espectador, julio 30 de 2006), en la cual se contrastan las olas de calor con las lluvias extremas, tal como ha sucedido en Los Ángeles y Fresno, con temperaturas que superan los 40 grados centígrados, y los tifones en el oriente lejano o las granizadas de Argentina que produjeron daños en automotores y en aviones.

Definitivamente somos la causa de la enfermedad del planeta con nuestras acciones de agresión, pero también está en nuestras manos la cura. El pronóstico del efecto invernadero de los ambientalistas de hace algunas décadas es hoy una realidad. No digamos que la responsabilidad está en los gobernantes, pues muchos han asumido compromisos internacionales y no ha pasado nada. No bastará con incrementar la resiliencia de las poblaciones, tal como quedó expreso en el acuerdo de Hyogo. Tenemos que tomar acciones personales, familiares y sociales que promuevan e impulsen el cambio deseado.

Hagamos uso de la imaginación, de estrategias de información, educación y comunicación que contribuyan a devolverle la salud a nuestro planeta, lo cual redundará en bienestar para la humanidad. Incorporemos estas acciones en el concepto de Gestión del Riesgo y hagamos uso de los medios más efectivos para lograrlo. Uno de ellos es éste: La Web.


Adaptación al cambio climático // Adaptation to climate change from Simonwilchesc on Vimeo.



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(06) EL AGUA EN SITUACIONES DE DESASTRE / Rodrigo Restrepo y Jorge Victoria

. 24 de junio de 2006
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Cualquier evento adverso o desastre, independientemente de su origen, tiene un efecto, leve o severo, sobre la infraestructura de los sistemas de abastecimiento de agua potable y saneamiento básico. Incluso, en situaciones donde interviene la mano del hombre, en especial en grandes movilizaciones de personas por causa de disturbios internos o desplazamientos forzados por la violencia, la principal adversidad se encuentra en los problemas de seguridad para el acceso de las poblaciones a las fuentes de agua o a la ayuda humanitaria.

La mayor probabilidad de enfermarse y morir por causa de enfermedades relacionadas con condiciones inadecuadas del abastecimiento del agua o del saneamiento básico la tienen las personas afectadas por los desastres, más que por cualquier otra causa. Las más importantes enfermedades de ese tipo son las diarreicas y otras cuya principal forma de transmisión es por la vía fecal-oral. Su transmisión es favorecida por el saneamiento inadecuado, las malas condiciones de higiene y el agua contaminada. Otras enfermedades vinculadas a la calidad del agua y el saneamiento son las transmitidas por vectores relacionados con los desechos sólidos y el agua.

Los programas de emergencia en materia de abastecimiento de agua y saneamiento básico deben tener como principal finalidad la de garantizar una cantidad mínima de agua potable y reducir la transmisión de las enfermedades propagadas por vía fecal-oral así como la exposición a vectores de enfermedades. En el objetivo de contribuir a crear las condiciones necesarias para que las personas afectadas puedan continuar con su vida cotidiana, es importante que se cumpla sin menoscabo de su dignidad y en condiciones que sean cómodas y seguras.

Para la satisfacción de las necesidades de poblaciones afectadas por los desastres se debe tener total comprensión de la situación, sin omitir factores tan importantes como el factor político, la seguridad y la evolución de la situación. Los damnificados, los organismos humanitarios, los donantes y las autoridades locales necesitan saber que las intervenciones son apropiadas y eficaces. Por eso, es vital proceder al análisis preciso de los efectos del desastre y del impacto directo sobre los sistemas de abastecimiento de agua y saneamiento y confrontarlo con los riesgos y las necesidades en la salud pública. Si la comprensión y la determinación del problema no son correctas, las acciones que se lleven a cabo serán desacertadas.

La población afectada por un desastre debe tener la oportunidad de participar en la formulación y ejecución del programa de asistencia. Esto toma mayor relevancia y se torna imperativo cuando esa misma población ha participado en los programas de mitigación y preparativos dentro de los procesos de gestión del riego.

Después de un desastre es posible que no se disponga de suficiente agua para satisfacer las necesidades fisiológicas, de ahí la importancia de contar con un nivel mínimo de agua potable que asegure la supervivencia y evite problemas de salud relacionados con un abastecimiento de agua inadecuado, ya sea por las malas condiciones de higiene o por el consumo de agua contaminada.

El acceso al agua para las personas víctimas de un desastre deben ser seguro y la cantidad de agua ha de ser suficiente para el consumo, para la cocción de los alimentos y para la higiene personal y doméstica. Los lugares públicos de abastecimiento de agua deben estar lo suficientemente cerca de los alojamientos para posibilitar el acceso de la cantidad mínima de agua.
El agua debe tener un sabor aceptable y ser de calidad suficiente para beber y para su utilización en la higiene personal y doméstica sin riesgos significativos para la salud. Se deben tomar todas las medidas necesarias para evitar la contaminación del agua durante el proceso de transporte, almacenamiento o abastecimiento.

La población deberá disponer de instalaciones y utensilios adecuados para recoger, almacenar y utilizar cantidades suficientes de agua para beber y cocinar y para la higiene personal, así como para que el agua potable mantenga su inocuidad hasta el momento de consumirla.

Además de proporcionar las instalaciones adecuadas para el lavado de manos, de ropas, de utensilios de cocina y para el baño personal, se deben implementar los programas educativos necesarios que puedan garantizar la conservación de las medidas de higiene necesarias para el buen uso del recurso.



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