Esta respuesta, que es muy personal y que depende de factores externos e internos, tiene una tendencia en cada individuo que hace parte de su identidad. Hay personas que se paralizan, otras actúan de manera “inapropiada”; unos gritan, otros lloran, otros se ríen. Siempre habrá una respuesta.
¿Cuál es la respuesta más “apropiada”?
No hay una respuesta mejor o peor que otra. Cada una tiene sus fortalezas y sus debilidades. Lo importante es que existe una reacción. Lo que la hace apropiada o inapropiada depende de la conciencia que tengamos de nuestra propia respuesta y la manera como, en virtud de nuestro conocimiento, podamos transformar la debilidad que representa un tipo de respuesta y transformarla aprovechando las fortalezas.
No obstante lo anterior, existen situaciones extremas, desde la sensación del movimiento telúrico y sus réplicas, una alerta de tsunami o de erupción volcánica, ser víctima/sobreviviente de una inundación; pasando por eventos antrópicos tales como sufrir una amenaza de muerte, una orden perentoria de desalojo, un desplazamiento forzado, un atentado terrorista… En tales situaciones y, en especial, en el post-evento, los efectos en la salud mental son extremadamente complejos y, en su complejidad, requieren una atención tan relevante como lo es la atención en salud, agua, saneamiento, alojamiento, alimentación, entre otros.
La atención de la salud mental post-desastre no es un capítulo vedado o exclusivo de los especialistas. Los rescatistas, por ejemplo, deben recibir capacitación en primeros auxilios psicológicos, no solo para brindarlo a las víctimas del desastre que atienden sino para también poder brindarse mutuamente con sus compañeros los ejercicios que les permiten liberar sus tensiones y continuar con su labor.
Este es un tema que debe abordarse de manera integral en todos los clusters o sectores de la respuesta humanitaria. Al menos, en desastres producidos por eventos de la naturaleza, se tiene un patrón aproximado de respuesta psicológica, individual o colectiva, que inicia por saber qué ha sido de nuestros seres queridos y vecinos más cercanos, una clásica evaluación de daños. Luego hay una fase heroica y de solidaridad. Puede seguir una fase de “luna de miel” con la respuesta que vienen recibiendo por parte de las autoridades. Pero le sigue, después de un tiempo variable, una fase de desilusión, para luego afrontar la reconstrucción.
En general, en desastres por causa de la naturaleza, las reacciones psicológicas podrán ser la adaptación o la inadaptación. Y en este último caso, casi siempre se puede evitar o tratar. Quiere decir que en la medida en que el tema haga parte de los planes de preparativos para situaciones de desastre, se podrá tener la certeza de que la población tendrá un punto más a favor en el cometido de la reducción de la vulnerabilidad y el fortalecimiento de la resiliencia.
La aflicción, la ansiedad, la depresión, el abuso de alcohol y de otras drogas y el estrés post-traumático son apenas una categoría de los efectos directos en la salud mental que se entretejen con las consecuencias de los efectos físicos y los socioeconómicos del evento adverso. Pero además, la magnitud y tipo de evento adverso le imprimen mayor complejidad, tanto al efecto psicológico como al abordaje y tipo de tratamiento.
Todavía hay mucho por aprender, pero ya hay mucho avanzado. Los vacíos de conocimiento deben ser abordados mediante investigaciones serias, lideradas por asociaciones de profesionales en el ramo, por la academia, y con el apoyo técnico de las áreas respectivas de las autoridades de salud, en un marco de integralidad y transversalidad.
Lecturas recomendadas:
http://helid.desastres.net/?e=p-000who--000--1-0--010---4-----0--0-10l--11es-5000---50-about-0---01131-001-110utfZz-8-0-0&a=d&c=who&cl=CL1&cl=CL1.11



An earthquake with a magnitude of 8,0 (magnitude revised by the USGS) struck off the coast of Peru on August 15 at 18:40 local time. The epicenter was located in the sea approximately 60km from the city of Pisco. The quake caused the interruption of both power and telephone services, which are gradually being reestablished, within Peru and in the capital city of Lima . There have been reports of hundreds of collapsed homes in the cities of Pisco, Cañete, and Chincha. Several health facilities in the department of Ica, including hospitals in Pisco and Chincha, have suffered physical damage and are operating on a limited basis. According to the Civil Defense the death toll stands at 337 with more than 1,000 injured from the quake. These numbers are expected to rise as search and rescue continues in a number of cities. Structural damage and needs are being assessed. The Peruvian government has declared a state of emergency in order to mobilize personnel and supplies to the affected zones.






